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Andrés Sanfuentes

Casen: Se reduce la pobreza pero no la desigualdad

Por: Andrés Sanfuentes | Publicado: Miércoles 4 de febrero de 2015 a las 05:00 hrs.
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La divulgación de la encuesta Casen de 2013 refleja una reducción de la pobreza en sus diferentes mediciones, pero la mantención de la gran desigualdad que caracteriza a la sociedad chilena. Según el indicador tradicional, la pobreza alcanza al 7,8% de la población, una reducción desde el 10,9% encontrada en 2011. Este avance refleja el éxito del país en los últimos decenios, cuando se decidió que constituía un objetivo prioritario. Este logro fue facilitado por el aumento del empleo ocurrido en los últimos años, así como la continuación de las transferencias que hace el Estado a los grupos más vulnerables.

La Casen anterior había despertado numerosas críticas. Una de ellas indicaba que al repetir su metodología y utilizar las mismas líneas de pobreza, no lograba reflejar la situación de los más postergados, ya que el progreso ocurrido en Chile había hecho desaparecer la extrema pobreza, lo cual era efectivo en las comparaciones efectuadas, pero no daba cuenta de la apreciación común que todavía existían núcleos muy extendidos. Aquí está el conocido fenómeno de la pobreza absoluta y la relativa, que es la que percibe mejor el habitante medio.

En esta materia se realizaron avances, porque además de conservar la antigua medición se agregó una nueva, utilizando la misma encuesta y además se incluyó la "multidimensional", que añade antecedentes valiosos para la comprensión de la realidad y sirve para el diseño más preciso de las políticas sociales, al abarcar otros indicadores al ingreso, como son variables de educación, salud, vivienda, ocupación y seguridad social, cada uno preciso y cuantificable, lo cual reflejará mejor su condición compleja.

Es claro que los gobiernos no deben caer en la tentación de mejorar estadísticas específicas sin considerar que se trata de una vivencia integral. Las mediciones efectuadas con la dimensión multidimensional también muestran un progreso, pues la pobreza se reduce desde 27,5% en 2009 a 20,4% en 2013.

Si bien los avances en reducir la pobreza son claros, surge la obvia pregunta planteada por Clarisa Hardy: ¿Porqué la población muestra señales tan claras de descontento, si objetivamente ha mejorado su calidad de vida? La respuesta no es simple y admite varios aspectos.

La principal también está contenida en la encuesta: la desigualdad existente en el país y que persiste a pesar de la disminución de la pobreza. Entre 2011 y 2013 si se compara la situación del 10% más rico con el 10% más pobre, los ingresos autónomos de ambos grupos pasaron desde 29,8 a 29,1 veces, es decir, casi sin variación. En el caso de los ingresos monetarios, que incluyen los subsidios estatales, las cifras van desde 17,7 a 17,1 veces, un progreso escaso.

La insatisfacción no se expresa solo en las diferencias de ingresos, cubre diversas facetas de la vida diaria, tales como las disparidades en las oportunidades, especialmente de empleo; el trato personal; los abusos de todo orden; la discriminación social; la exclusión y las injusticias cotidianas; los barrios segmentados.

Otro factor es la vulnerabilidad de la población más rezagada, que genera sentimientos de inseguridad y riesgo, agudizados por el individualismo y la mercantilización de la sociedad chilena. Sobre la base de Casen anteriores se han realzado encuestas de panel, en que se hace seguimiento de las mismas personas en diferentes años. Ellas reflejan un sorprendente cambio en su caracterización a través del tiempo, pasando de indigente a pobre o a un segmento de clase media y viceversa.

Esa sensación de inseguridad, de poder mantener los logros de un mayor nivel de vida es intensa; el temor a perder el empleo, a una enfermedad no cubierta por el sistema de salud, de llegar a una ancianidad sin recursos, están presentes continuamente.
Más que gravar con impuestos a los sectores de altos ingresos, la reforma tributaria busca disponer de recursos fiscales para financiar los programas sociales que concentrarían recursos en los sectores menos capacitados, como ocurriría con la reforma educacional, que es la génesis de las posteriores desigualdades, ya desde la etapa pre escolar.

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