Fernando Barros

La reina desnuda

Fernando Barros Tocornal Abogado, Consejero de SOFOFA

Por: Fernando Barros | Publicado: Viernes 3 de septiembre de 2021 a las 04:00 hrs.
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Si bien parece una situación propia del absurdo, la arremetida de súbditos y comunicadores argumentando que las críticas a la labor de la Convención Constitucional -y su derrumbe en la apreciación ciudadana- después producto de una campaña orquestada de desprestigio de los enemigos del pueblo, me recordó el viejo cuento de Hans Christian Andersen "El traje nuevo del emperador", conocido como el rey desnudo.

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En él, unos habilidosos pícaros hicieron creer que quienes no podían ver el maravilloso traje que confeccionarían para el emperador y no apreciaran su impecable trabajo, lo sería por ser incapaces e insensibles. Aunque no estado confeccionado traje alguno, "vistieron" al emperador con la inexistente obra, quien se paseaba por su reino sin tomar conciencia de que, en verdad, caminaba desnudo y que no se había confeccionado el precioso ropaje que sus súbditos, temeros de contradecir lo políticamente correcto, decían ver y alababan.

Tras los violentos hechos que se iniciaron el 18/10 se produjo un acuerdo político, refrendado en un plebiscito, por el cual se encomendó a una Convención Constitucional, específica y únicamente, redactar y acordar por mayoría de dos tercios de sus integrantes, y pro a la ciudadanía, una nueva Constitución Política de Chile, propuesta respecto del cual el pueblo debe pronunciarse en un denominado plebiscito de salida.

Desde el momento de su elección una parte importante de los tradicionales ha sostenido posiciones extremas, dándole a su misión un carácter refundacional, planteando el derrumbe de las instituciones nacionales, incluido nuestro carácter de República. Así, generan división entre quienes somos chilenos, confunden la diversidad cultural de nuestros antepasados ​​y la integración de siglos hasta conformar, orgullosamente, el pueblo chileno, con una inexistente pluralidad de naciones y discriminando entre quienes tendrían una calidad superior y mayores derechos en función de su etnia u origen. Se pasó a la explícita justificación de la violencia que asoló a Chile por semanas ya validar agresiones a convencional.

En el cuestionado proceso de generarse el reglamento que debe regular su funcionamiento se ha pretendido, además, auto conferirse recursos, atribuciones y prerrogativas que exceden el claro marco regulatorio establecido en la Constitución Política vigente, dejando en letra muerta la norma de que toda disposición que no alcance los dos tercios se entiende rechazada, con una inconstitucional figura de plebiscitos dirimentes para, en la práctica, rebajar el quórum requerido.

En este tiempo de funcionamiento, la Convención no avanza por una senda que lleve a construir la casa de todos y dar a nuestra patria su nueva Ley Suprema que nos permita dejar atrás las divisiones del pasado. No existe una coordinación para crear una imagen mentirosa.

Las contradicciones y discriminaciones son ciertas, el desmembramiento y caos dentro de los grupos que obtuvieron el apoyo del pueblo -porque parecían representar savia nueva para una decaída política- son una realidad, como lo es la primacía del anarquismo y la odiosidad en muchos postulados de los llamados a proponer la nueva institucionalidad.

No existe el positivo avance convencional y, por ello, las encuestas acusan la desnudez de una profunda decepción de la ciudadanía, que quiere cambios que sean racionales, no rupturistas ni violentos, que aseguren que un país unido retome una senda del desarrollo y crecimiento.

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