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Columnistas

18/04/2017

Ruta de la Seda y América Latina: mirar al futuro

Fernando Reyes Matta Exembajador en Nueva Zelanda y China profesor UNAB

  • Por Fernando Reyes Matta
    Fernando Reyes Matta

    Fernando Reyes Matta

    Desde hace tiempo la presidenta Michelle Bachelet venía preparando su visita de Estado a China para mayo 2017. Aquello tenía un carácter bilateral, pero emergió la iniciativa china de organizar una cumbre de líderes en torno al proyecto estratégico Nueva Ruta de la Seda, formalmente conocido como Una Franja, Una Ruta. Todo se ha combinado para que Chile, luego de la invitación formal del mandatario chino Xi Jinping, también participe en un encuentro considerado clave para el futuro económico del siglo XXI.

    ¿Qué es, en esencia, el proyecto Ruta de la Seda? Su nombre viene de siglos atrás, cuando las caravanas salían de China para cruzar el Asia Central y vender sus sedas y otros bienes en países del mundo árabe y el Mediterráneo oriental. Ahora, como señala un informe de la influyente McKinsey & Company, China impulsa el proyecto de cooperación económica más grande realizado hasta ahora a nivel mundial, con países del Asia Central y Sur, para de allí –mediante una gran red de ferrocarriles, carreteras, ductos de diverso uso, redes digitales– llegar a toda Europa. La prensa económica internacional señala que el proyecto One Belt, One Road (OBOR), como frecuentemente se le cita, es doce veces más grande que el Plan Marshall, aquel que permitió la reconstrucción de Europa tras la Segunda Guerra Mundial.

    OBOR considera dos rutas en realidad: una por tierra, con extensiones hasta los países nórdicos e Inglaterra, cruzando todo el continente, especialmente por Polonia y Alemania, tras dejar atrás Rusia y Turquía. La otra es la ruta marítima, que busca llegar al Mediterráneo, tras dejar atrás el complicado Mar de China, tocar la costa de África y subir por el Mar Rojo y el Canal de Suez: ya los armadores chinos controlan el puerto del Pireo, en Grecia. Dadas las crisis en el Mar de China, los estrategas chinos manejan la alternativa de cruzar Pakistán y embarcar sus bienes en el puerto de Gwadar. ¿Es todo esto carente de obstáculos? Por cierto que no. Los hay políticos, sociales, culturales, en medio de economías diversas. El ímpetu chino en esto tendrá que disponer de una diplomacia aguda, fina y moderna.

    Si bien cada líder invitado a la cumbre tiene tareas y presiones urgentes en casa (nosotros también), algo dice que estar allí es una apuesta a futuro. Por eso concurrirán una veintena de otros mandatarios como el español Mariano Rajoy, la primera ministra británica, Theresa May, Vladimir Putin, de Rusia, Recep Erdogan, de Turquía. Con Bachelet también estará allí el argentino Mauricio Macri. El trasfondo es reiterar las políticas de comercio abierto y rechazo al proteccionismo, lo mismo que se dijo aquí en Viña del Mar en la cita post TPP.

    Dentro de este marco, ¿cabe pensar una relación desde América Latina con el proyecto OBOR? ¿Pueden ligarse los intereses de la Alianza del Pacífico o, en concreto, de Chile, con su desarrollo, si aquello trae efectos similares para el mundo a los del Plan Marshall con Europa? Con frecuencia, cuando se habla del tema los latinoamericanos parten recordando lo que fue la Nao de Manila (los galeones que unieron entre 1565 y 1815 Filipinas y México) como aporte al comercio internacional entre Asia y Europa. Pero hoy cabe pensar con otros ojos, ya no es la distancia el obstáculo mayor en este mundo interconectado.

    Hay áreas nuevas para esos contactos: a) las redes digitales y las interacciones productivas posibles entre puntos del globo muy distante (cable submarino de fibra óptica China-Chile, por ejemplo); b) las proyecciones del ingreso del yuan a la canasta de divisas internacionales; c) el impulso a los intercambios comerciales por carga aérea y la creación de nuevos servicios entre aquel proyecto regional y los países latinoamericanos; d) el desarrollo de áreas de servicios en sectores como el turismo; e) el acceso a nuevos mercados hoy lejanos a Chile.

    Estar en esa cumbre es una gran oportunidad estratégica para el país. Inevitablemente, también tendremos que saber mucho más de lo que la Ruta de la Seda es y puede llegar a ser.

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