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Jorge Navarrete

Decálogo de la elección y sus resultados

Jorge Navarrete P. Abogado

Por: Jorge Navarrete | Publicado: Lunes 17 de mayo de 2021 a las 04:00 hrs.
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Primero. Hay un precioso y simbólico momento en toda democracia, donde el tráfago de opiniones e interpretaciones es interrumpido por los ciudadanos para dar lugar a su voz y veredicto. Es el instante en que realmente nos contamos, escenificando la genuina representación de la soberanía popular.

Segundo. Pese a que la participación electoral estuvo por debajo de lo esperado -quizás por la última postergación, lo complejo del proceso de votación, la falta de información y los altos niveles de contagio por Covid-, en nada aquello deslegitima el proceso, pero es un importante y nuevo llamado de atención.

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Tercero. Las elecciones no se ganan, sino que se explican. Hoy todos tendrán alguna razón para celebrar y probablemente también para sentirse derrotados; lo que se profundiza con la concurrencia de cuatro procesos electorales simultáneos. Pero que nadie se pierda, porque sí hay una gran derrotado: la elite política profesional frente a la emergencia de los propios ciudadanos.

Cuarto. Los resultados en general, al igual que en el último plebiscito, son una bofetada a la clase política tradicional. La dicotomía expresada entre lo que quiere la opinión pública y lo que expresa la opinión “publicada”, sólo confirma la desconexión de una parte muy significativa de la elite dirigente.

Quinto. Se reordena completamente el naipe, producto del ingreso de muchas personas que no necesariamente se alinean en el clásico eje izquierda y derecha. Por lo mismo, y en esa incertidumbre y dispersión, tampoco nadie podría afirmar que exista una fuerza política o social que se hizo de los 2/3, como tampoco ninguna del tercio restante. Todo es y será líquido.

Sexto. Lo que viene no será fácil y el debate será complejo. Enfrentamos un escenario nuevo, el que, por lo mismo, no es ni bueno ni malo, sino simplemente desconocido y menos predecible en sus motivaciones, procedimientos y resultados. Por lo mismo, tendremos todos que reaprender y re concursar en una política más horizontal y fragmentada, probablemente alineada más por causas específicas que por grandes relatos.

Séptimo. El sufragio universal y las elecciones son una condición “sin la cual” no podemos iniciar el proceso de relegitimación de nuestras instituciones, sus normas y convivencia; pero, por si mismas, tampoco son la condición “por la cual” lograremos ese objetivo. El método será el mensaje y requeriremos instrumentos y dispositivos para ampliar la participación, y ser más protagonistas que testigos de este proceso.

Octavo. Entonces, enfrentamos nada más parecido a una crisis, la que en palabras de Grasmci sería aquel exacto momento en que lo que tiene que morir no ha muerto y lo que tiene que nacer no ha nacido todavía. Y aunque tal imagen nos pueda infundir preocupación o ansiedad, pienso que también es una gran oportunidad para reconstruir de manera colectiva nuestro pacto social.

Noveno. Habrá que resistir a las minorías, cualquieras sean, que intenten secuestrar o dirigir indebidamente en este proceso: sea por una clase política profesional que se resista a esta derrota; sea mediante el uso de la violencia de grupos radicales que no creen en la democracia; o sea por la influencia del dinero o cualquier otro mecanismo que desvirtué la voluntad de los ciudadanos.

Décimo. Nada ha terminado y ahora está todo por construir. Pero de mantenerse el protagonismo de los ciudadanos, como el de todos los actores que tienen algo que decir en la construcción de este nuevo contrato social y político -organizaciones sociales, gremios y empresas- habrá sólo un gran ganador y ese será Chile.

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