Luis Larraín

Lo que queda del 2020

Luis Larraín Libertad y Desarrollo

Por: Luis Larraín | Publicado: Martes 8 de septiembre de 2020 a las 04:00 hrs.
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A la hora de proyectar lo que ocurrirá en la economía chilena en lo que resta del año, hay tres claves: reactivación, desconfinamiento e informalidad.

Después que el Imacec de julio cayera en un 10,7% anual, menos del 13,1% que esperaba el mercado, las proyecciones económicas para el 2020 parecen converger a un PIB del orden de -5%, consistente con una actividad interna que habría tocado fondo en mayo y ahora crece mensualmente con una velocidad algo menor al 2%. Ayuda a sostener este pronóstico una economía mundial recuperándose más rápido de lo esperado, básicamente por la fuerza de China y también el dinamismo del empleo y la producción en Estados Unidos, donde aún se esperan medidas adicionales del gobierno para reactivar la economía, cuestión importante en una campaña electoral. La actividad en la zona euro, en cambio, ha estado recuperándose más lentamente en medio de inquietudes acerca de rebrotes de la pandemia en algunos de los países del bloque.

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Esta perspectiva para la economía chilena, menos pesimista que la de hace dos meses en que se esperaba una caída de 6% para el PIB del 2020, tiene sin embargo un supuesto fundamental: las condiciones sanitarias permiten el desconfinamiento de nuestras ciudades que permita la vuelta de las actividades productivas virtualmente paralizadas desde abril. Es el caso de la construcción, por ejemplo, el nuevo presidente de la Cámara estima que las pérdidas por obras que están detenidas ascienden a US$ 2.700 millones, lo que tiene a 400 mil trabajadores del sector sin empleo. Si esas obras no se reanudan rápidamente y algo similar ocurre con las actividades en la industria y el comercio de las comunas que han estado en cuarentena, la caída del PIB puede ser más cercana al 6% o incluso más. Preocúpese entonces si esas grúas de color amarillo que usted ha visto paralizadas en los últimos meses no se empiezan a mover.

El último IPOM del Banco Central centra en -5% su estimación de la caída del PIB en 2020, suponiendo que en lo que resta del año gradualmente se produce el acople entre desconfinamiento y reactivación.

Pero el Banco Central señala en el IPOM, además, que supone que la crisis expresada desde octubre de 2019 se encauza institucionalmente, lo que es una manera de decir que no se repite la violencia que asoló nuestras ciudades hacia fines del año pasado y que los eventos electorales que se vienen a partir de octubre se realizan en un ambiente de paz social. Ese es también un supuesto importante, pues es impensable la recuperación económica sin un incremento de la inversión, que no ocurrirá en un ambiente convulsionado. En el escenario que espera el instituto emisor, la política monetaria seguiría siendo expansiva, manteniendo la TPM en 0,5% y las medidas de apoyo a la liquidez y al crédito que permitirían esperar una inflación en torno al 2% anual para 2020, que debiera converger a la tasa meta, 3%, en los años que siguen.

El otro gran tema es la informalidad. Es posible que los números a los que nos referimos no estén reflejando cabalmente el efecto de la informalidad en estos tiempos de pandemia. Quienes pertenecen a ese mundo del trabajo informal pueden estar sufriendo una baja en sus ingresos que no queda necesariamente registrada en las cifras oficiales. Las ayudas del Estado deben, entonces, estar atentas a esta situación y la regulación de los mercados laborales alertas a no alentar la informalidad en un período de bajo dinamismo que puede prolongarse.

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