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No son millennials. Son Súper Jóvenes.

Camila Sánchez Directora de Emprendemos +

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Las nuevas generaciones parecieran venir reseteadas con respecto al cuidado del medio ambiente y el impacto social. ¿Y cómo no? Si nacieron escuchando sobre el calentamiento global, la contaminación de los océanos, la economía circular, el respeto por las personas con necesidades especiales, el comercio justo y el cuidado de recursos naturales.

Estas nuevas generaciones, principalmente esos que llamamos “millennials”, han plasmado su conciencia social y su inquietud por el planeta en muchos ámbitos de su vida, y el laboral es uno de ellos. Muchas veces he leído críticas en cuanto a lo poco comprometidos que son laboralmente los jóvenes contemporáneos, pero me parece que son juicios basados en observaciones parciales, porque en mi experiencia tiene aspectos muy rescatables.

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Una parte importante de la juventud ha encontrado en el emprendimiento una vía mediante la cual aportar al cuidado del planeta y de la sociedad. Ellos quieren dejar una huella en el mundo. Intereses como la sustentabilidad, el mejor uso de la energía renovable, el reciclaje, el aporte a comunidades o la inclusión a discapacitados son los tópicos que se llevan los premios cuando ellos apuestan a cambiar el mundo emprendiendo.

Hoy podemos ver una serie de innovaciones que vienen con tinte social o medioambiental. Y me parece fantástica esta nueva tendencia, porque son iniciativas que no sólo buscan subsistir económicamente, sino que pretenden ayudar a que el mundo sea más amable en muchos sentidos. Me toca conocer casi a diario creaciones como Karubag, quienes retiran tus desechos orgánicos para luego, mediante compostaje, abonar bosques y entregarte humus para tu jardín. Muchos incluyen en sus modelos formas de reciclar materiales. Como lo hace Karün, que fabrica anteojos de maderas desechadas, redes de pesca e incluso de pellets de desechos de jeans; o como Sustentabla, que recorre la costa chilena recolectando plásticos para luego usarlos en la fabricación de tablas de surf. Incluso existe un emprendimiento llamado Sporatex, fue creado por jóvenes que desarrollaron un material textil biodegradable en base a hongos y así diversificar el mercado textil, tan dañino para el medioambiente.

El aspecto social no se queda atrás. En Trum crearon un dispositivo de tracción manual que transforma la silla de ruedas en una bicicleta fácilmente; y la gente de ProMedical3D elabora prótesis en impresiones 3D para pacientes de escasos recursos.

Podría enumerar muchísimos ejemplos que muestran que nuestros jóvenes, además de soñar a lo grande con una creatividad envidiable, contribuyen a solucionar problemáticas ambientales y sociales de manera práctica. Y me atrevo a decir, bonita también. No es casualidad que muchas de estas innovaciones provengan de una generación disruptiva, atrevida y arriesgada, que tiene como foco importante generar cambios positivos en el mundo.

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