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Padre Hugo Tagle

(Des) esperanza aprendida

Padre Hugo Tagle En twitter: @hugotagle

Por: Padre Hugo Tagle | Publicado: Lunes 25 de marzo de 2019 a las 04:00 hrs.
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En psicología se utiliza el tecnicismo “desesperanza aprendida” o “impotencia aprendida” para referirse a “la condición de un ser humano o animal que ha “aprendido a comportarse pasivamente, con la sensación de no poder hacer nada, que no puede o no ve oportunidades reales de cambiar una situación negativa”.

Es esa sensación que nos lleva a tirar la toalla antes de comenzar de hacer un amago de resistencia. Antes vivíamos pensando en que “no hay nada que hacer” ante los abusos; una suerte de fatalismo derrotista frente a una situación de injusticia; un karma, una maldición que teníamos que asumir casi como castigo divino.

Hoy, eso se acabó. El ciudadano corriente, usted o yo, está más empoderado. Se puede combatir y vencer una injusticia. Las víctimas son escuchadas, los delitos investigados y finalmente sancionados. Y eso en todos los gremios: industria, educación, salud, iglesias, espectáculo, vecindario.

Me han preguntado mucho cómo veo la actual crisis que pasa la Iglesia Católica. Se han sancionado las faltas y delitos. Hoy no somos peores que antes. Hoy los delitos se denuncian y se castigan ¿O usted cree que antes la gente se portaba mejor? ¡Nada de eso! Antes las injusticias se barrían bajo la alfombra, grandes delitos –y en dictaduras ni hablar– pasaban “colados”, se negaban o ignoraban. Hoy los abusos se denuncian, investigan y sancionan. En todos los gremios y estamentos.

Varias lecciones podemos sacar de este nuevo escenario. La primera y obvia: hay que portarse bien siempre. Todo ciudadano es un periodista en potencia, un “caza-noticias” con el celular en la mano, listo para grabar un ilícito, subirlo a las redes y denunciarlo.

Pero los disparos a la bandada, la acusación “al voleo”, finalmente levanta polvaredas que favorecen a los verdaderos delincuentes. Es lo que lamentablemente se escucha sobre Carabineros de Chile. La imputación de malas prácticas de unos pocos a toda la institución sólo favorece a los que actuaron mal. Hay que perseguir a los delincuentes entre sus filas, denunciarlos, investigar y sancionar, si da a lugar. No hay gremio que se salve. La verdad se impondrá y eso es siempre un bien.

Pero sí nos debemos preocupar más de que la acción de tribunales sea expedita, rigurosa. “Nada se parece tanto a la injusticia como la justicia tardía”, dice Séneca. Por eso, la exigencia a los tribunales de justicia en el cumplimiento de plazos, con la correspondiente sanción o absolución. Y en lo que a la Iglesia se refiere, de esto saldrá una Iglesia purificada, más cercana a Cristo, misionera y servicial.

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