Padre Hugo Tagle

El dedo de Adán

Padre Hugo Tagle En twitter: @hugotagle

Por: Padre Hugo Tagle | Publicado: Lunes 24 de agosto de 2020 a las 04:00 hrs.
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Se cuenta que Miguel Ángel, tras pintar las imágenes de Adán y Dios al momento de la creación en la Capilla Sixtina, decidió cambiarlas. En la primera versión ambos se tocaban la punta de los dedos. Decidió dejar la figura de Dios con su dedo extendido al máximo, dirigiéndose al de Adán. Pero pintó el de Adán con las últimas falanges contraídas, sin tocar el de Dios.

Un simple, pero revelador detalle: Dios está siempre allí, esperando y atento, pero la decisión de encontrarlo es del hombre. Tan sólo debe estirar el dedo. Si no quiere hacerlo, podrá pasar toda la vida sin tocarlo. La anécdota es vieja, pero viene a cuento ya que cada tanto o quizá siempre, el tema de la libertad nos asalta e incomoda.

La imagen muestra una esencial característica del Dios que nos revela Jesús: creó al hombre intrínsecamente libre, no lo fuerza, no lo obliga. Éste debe buscarlo, si así lo quiere. Un dios que fuerza, obliga o provoca temor, está en las antípodas de lo que se debe entender por Creador. La idea de libertad es uno de los grandes aportes a la construcción de sociedad, de la mirada cristiana a la realidad.

Con y a partir de Cristo, se despliega la plena libertad. La filosofía griega, con toda su grandeza, no logró superar un cierto aire de predestinación y una “libertad” restringida a unos pocos selectos. Un Kant y tantos otros paladines de la libertad no hubiesen sido posibles sin el marco cristiano en el que crecieron. Y ni hablar de otras concepciones religiosas, en que la libertad brilla por su ausencia.

En un punto debemos estar de acuerdo creyentes y no creyentes: la defensa irrestricta de la libertad religiosa y libertad en general. Y el marco en que ella se desenvuelve es en democracia, en comunidad, como la ha buscado construir Occidente, y desde allí extendiéndose a buena parte del mundo, con sudores y lágrimas, aciertos y errores.

“La libertad, Sancho -nos dice Cervantes en El Quijote-, es uno de los más preciosos dones que a los hombres dieron los cielos; con ella no pueden igualarse los tesoros que encierra la tierra ni el mar encubre; por la libertad, así como por la honra, se puede y debe aventurar la vida.”

“Mi libertad termina donde empieza la libertad del otro”. El ejercicio de la libertad se debe dar en el respeto y consideración al otro, su dignidad, en la necesaria empatía con lo que el otro es. Ese es el ejercicio democrático libre y soberano. Nos acercamos unos a otros como iguales en dignidad y valor, respetando las diferencias y aprendiendo de ellas. Simples lecciones de un dedo.

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