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Un artículo que todos debiéramos leer

Rafael rodríguez Presidente Seminarium Penrhyn International

Por: RAFAEL RODRIGUEZ | Publicado: Martes 11 de abril de 2017 a las 04:00 hrs.
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RAFAEL RODRIGUEZ

Un hijo que vive fuera de Chile me mandó un artículo escrito por el sacerdote Luis Roblero, capellán de Gendarmería, respecto de la situación de las personas presas en nuestro país. Es un testimonio conmovedor, profundo y directo. Describe la situación de las personas que están privadas de libertad en el sistema carcelario chileno; lo hace con una dignidad muy grande; no busca conmover con sensiblerías. Además escribe desde el trabajo directo que por muchos años ha realizado junto a estos compatriotas que viven unas vidas miserables, desprovistas de condiciones, de oportunidades y casi condenados desde su cuna a vivir presos, inmersos en un ambiente de violencia tan potente que se hace parte de sus vidas. Violencia que se valida por sí misma para resolver cosas tan básicas como relacionarse con sus familias, con sus amigos, también para ganarse la vida y para defenderla. Me impresionó una descripción que hace de este fenómeno: “estas personas portan violencias que no prescriben en el tiempo ni espacios geográficos, violencias que se acumulan en sus almas y que se saldan solo con la muerte”.

Es muy conmovedora la historia del “Rata”, un joven que fue muerto a sablazos al interior de la Penitenciaría el año pasado, mientras estaba aprendiendo a leer y escribir en las pocas actividades al interior de una cárcel que no están relacionadas con la cultura del delito. Me conmovió en forma especial porque pienso que la realidad del Rata y la de la mayoría de nosotros sólo están diferenciadas por la suerte que a cada uno le tocó al nacer, donde nadie tuvo injerencia alguna. Esa diferencia determinó dos vidas completamente diferentes; una llena de oportunidades y libertades; otra llena de carencias y limitaciones.

¿Puede dejarnos indiferentes una situación como esta? A mí por lo menos no y creo que hay al menos dos formas de involucrarse si el tema nos sacude; una es ayudando a instituciones que se especializan en aliviar el dolor de vida de los presos, por la vía de tratar de ayudarlos a encontrar y mantener una vida digna en la sociedad. Patérnitas y Proyecto B son instituciones que se especializan es esa noble tarea, hay otras también.

Pero también hay una tarea que compete al mundo político; la principal es lograr un desarrollo del país; a mayor crecimiento, menos pobreza; la segunda es mejorar al menos los servicios públicos de Educación, Trabajo, Salud y Vivienda focalizándose sobre todo en la población que tiene más probabilidades de vivir una vida asociada al delito; es decir personas que han cometido delitos, sus familiares y, sobre todo, sus hijos y sobrinos. Es difícil, tal como lo relata Luis Roblero; es caro, porque necesitan muchos más recursos que otros niños menos expuestos, pero es un imperativo moral que no sé cómo no se ha abordado antes. Además que por cada niño que en el futuro no inicia una carrera delictual, el Estado y por tanto el universo de los contribuyentes, se ahorrarían millones de pesos en cárceles, seguridad y decenas de programas sociales que se destinan a los futuros delincuentes. Ver esta dramática situación es un imperativo moral que nos debiera sacudir a todos para buscar soluciones de largo plazo. Mientras tanto, hacer las cárceles menos hacinadas, podría ser un débil mensaje inicial para el presente.

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