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¿Y si yo decido por mi 5%?

Rafael Ariztía Socio de MFO Advisors

Por: Rafael Ariztía | Publicado: Jueves 6 de abril de 2017 a las 04:00 hrs.
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Rafael Ariztía

De las múltiples diferencias de opinión que hemos visto en el debate sobre las pensiones, hay algo que ha logrado un curioso consenso: aumentar la cotización a los trabajadores en un 5% adicional. Moros y cristianos están de acuerdo en que esta es la “bala de plata” para resolver el problema de bajas pensiones y malas tasas de reemplazo.

¿Pero será tan simple? Ante tanta improvisación vista en el diseño de las políticas públicas, surge un cierto escepticismo sobre este consenso tan beneficioso para quienes lo proponen. Pero partamos por el origen del problema.

Es un hecho que muchos chilenos están llegando a su edad de jubilación con pocos ahorros previsionales a su haber, lo que les impide tener una tasa de reemplazo (la razón entre su pensión y los sueldos de la última parte de su vida laboral) razonable. Algo particularmente grave para las mujeres.

La primera pregunta que surge es ¿cuál es la principal causa de esto? En la respuesta también existe bastante acuerdo: lo más relevante es la baja densidad de cotizaciones que presentan los chilenos. En simple, si una persona no cotiza frecuentemente durante su vida laboral no alcanza a acumular los fondos necesarios para que su pensión tenga una tasa de reemplazo adecuada. Una segunda causa sobre la que también existe consenso es que, en promedio, todos estamos viviendo más. Por tanto, si aumentan los años de vida como jubilado, pero no los de cotizante, es natural que las pensiones bajen.

¿Qué rol juega entonces el famoso 5% adicional? Si asumimos que todo el resto de las variables se mantienen igual, y aumentamos en un 5% la cotización de los que trabajan, veremos que quienes hoy tienen una pensión razonable (porque cotizaron la mayor parte de su vida laboral), la van a mejorar. Al contrario, quienes tienen muchas lagunas de cotización, con el aumento en la tasa no necesariamente aumentará su fondo de pensión en la cantidad necesaria. Es más, podría tener el efecto inverso. Podemos suponer que las personas con baja densidad de cotizaciones tienen además sueldos bajos, por lo que el 5% adicional les va a afectar en forma directa su renta líquida. Por lo tanto, en el margen, la mayor cotización genera un incentivo a la subcotización y a tener una mayor informalidad en el mercado del trabajo.

Obviamente es deseable que las personas coticen más. Lo que resulta dudoso es si obligarlas es la solución. Más aún considerando que no se ataca la baja densidad de las cotizaciones, el principal problema. Como toda “bala de plata”, la solución que el gobierno está impulsando es insuficiente y puede resultar contraproducente, sobre todo si insiste en convertir parte de ese 5% en un impuesto al trabajo al sacarlo del fondo de pensiones individual de cada cotizante.

¿Qué está faltando entonces? Lo primero que se necesita para disminuir las lagunas de cotización es un mercado del trabajo pujante por lo cual el foco de cualquier gobierno preocupado de las pensiones debiera estar en fomentar el crecimiento del país. Los miles de chilenos que actualmente figuran como “empleados por cuenta propia” en las estadísticas oficiales, debieran pasarle la cuenta a este gobierno por esas lagunas que les costarán caro cuando calculen su pensión.

Lo segundo es la falta de incentivos y seguros a la cotización previsional de aquellos en riesgo, particularmente mujeres en edad fértil, y perseguir en forma inteligente y decidida la subcotización.

En tercer lugar, se debiera promover con énfasis la sobrecotización de todos. El ahorro previsional voluntario es una buena herramienta y debiera potenciarse. Dado el uso intenso que han hecho de este mecanismo los parlamentarios de la Nueva Mayoría (Girardi, Guillier, Navarro, Gutiérrez, etc.) es esperable que los votos para esto estén disponibles. Finalmente, es necesario promover con incentivos la extensión de la vida laboral. Incentivos concretos para quienes trabajen, y den trabajo, más allá de las edades de jubilación.

En suma, los resultados son siempre mejores cuando se opta libremente que cuando se obliga. En mi opinión, las soluciones pasan más por fomentar el trabajo y el ahorro, más que por obligarlo.

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