Editorial

Una lectura de la encuesta Casen

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a recién conocida encuesta Casen arrojó que la pobreza en Chile ha aumentado por primera vez en 20 años, alcanzando al 10,8% de la población, un alza de 2,2 puntos respecto de la medición anterior en 2017. La causa directa es, desde luego, la crisis detonada por el Covid-19.

La severidad de esta crisis económica es tal que no puede sorprender que, tras casi año y medio de pandemia, haya aumentado la pobreza en nuestro país. Pero que sólo haya aumentado 2,2 pp y que eso haya revertido una tendencia de dos décadas a la baja, debe considerarse en perspectiva.

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Por un lado, pese a conocidos problemas y errores de diversa índole -y en un contexto de brusca contracción del ingreso de los hogares que también registra la encuesta-, las medidas estatales de ayuda económica de emergencia han reducido sensiblemente el golpe para millones de familias. El esfuerzo del Fisco, en esa dimensión, tiene un claro “rédito”. Países vecinos que no hicieron (o no pudieron hacer) un gasto proporcionalmente similar, vieron aumentar sus tasas de pobreza entre 4 y 10 puntos en pandemia, según la Cepal.

Por otra parte, la tendencia previa de dos décadas de pobreza a la baja habla de un sentido correcto (sin duda, efectivo) de enfrentar un problema histórico de la sociedad chilena, para llevarlo a los mínimos que conocimos hace sólo dos años. Es muy pertinente, y prudente, tenerlo en cuenta de cara a las importantes discusiones que deberá abordar el país en los próximos meses, en el plano constitucional como en el electoral.

Al respecto, llama la atención que en ninguno de esos dos planos la pobreza ocupe un lugar prominente en la agenda; tampoco se enfatiza lo suficiente que será el crecimiento económico, y no la ayuda fiscal, lo que permitirá reducirla nuevamente. Ni en las opiniones de muchos constitucionales ni en las campañas políticas conocidas hasta ahora se expresa una nítida preocupación por esta realidad que hoy viven más de dos millones de personas en Chile.

Tal vez eso refleje mejor que nada un sentido de las prioridades nacionales que ha perdido el rumbo y que -si en verdad importan los derechos y el progreso de todos- deberíamos recuperar.

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