Objetivo de la regulación de los fondos generacionales: mejorar las pensiones
Por Guillermo Zamarripa, presidente de la Federación Internacional de Administradoras de Fondos de Pensiones (FIAP).
La consulta pública del nuevo régimen de inversión para los fondos generacionales es una oportunidad para que por medio del dialogo se perfeccione la transformación más relevante del sistema previsional chileno en materia de inversiones desde la creación de los multifondos.
El desafío que implica la adopción de este esquema de inversión es diseñar una regulación que logre un adecuado equilibrio entre la protección de los afiliados y buscar mejores pensiones. Dicho balance requiere dar la flexibilidad suficiente a las AFP para gestionar las inversiones en un entorno en el que las administradoras compiten por la vía de buscar los mejores retornos ajustados por riesgo. Ese equilibrio es indispensable para avanzar hacia el objetivo último de todo sistema previsional: mejorar las pensiones.
La discusión de fondo es dónde la regulación debe ser prescriptiva y en qué ser flexible. Nadie cuestiona la necesidad de contar con estándares prudenciales que resguarden el ahorro previsional. Sin embargo, cuando la regulación deja de establecer un marco general y comienza, en la práctica, a definir la construcción de las carteras de inversión, se generan dos problemáticas. Una es que desde fuera de las administradoras se define el portafolio tipo y la otra es limitar la capacidad para diferenciar estrategias que agreguen valor a los afiliados.
La transición hacia fondos generacionales está plenamente alineada con el mejor modelo operativo de acuerdo con las prácticas internacionales. Ajustar gradualmente el perfil de riesgo de las inversiones según la edad del afiliado es un avance relevante. La experiencia comparada demuestra que una condición para que estos modelos alcancen mejores resultados es cuando las administradoras conservan la capacidad de competir mediante estrategias de inversión diferenciadas, como sucede en el caso de México.
La visión conceptual anterior es la referencia para argumentar que algunos aspectos de la propuesta regulatoria merecen una reflexión técnica: carteras de referencia altamente prescriptivas, bandas de inversión estrechas, límites reducidos al tracking error y mecanismos de evaluación basados en la cercanía al benchmark. La consecuencia de la regulación planteada en el documento sometido a consulta pública es la convergencia en las estrategias de inversión.
En un mercado como el chileno donde los fondos de pensiones son inversionistas institucionales muy relevantes la excesiva homogeneización de las carteras puede tener consecuencias no deseadas como afectar la liquidez, limitar la profundidad del mercado de capitales y una menor eficiencia en la asignación de recursos.
Por otra parte, la incorporación de mínimos obligatorios de inversión por clase de activo se aparta de las mejores prácticas internacionales en la regulación de fondos de pensiones. La práctica es definir límites máximos para controlar riesgos de concentración, sin imponer exposiciones mínimas predeterminadas. Las decisiones de inversión deben responder a criterios de riesgo, retorno y diversificación, permitiendo adaptarse a la evolución de los mercados.
La experiencia internacional demuestra que los fondos generacionales no ha sido un modelo rígido, sino que han evolucionado conforme se acumula evidencia. Por ello, resulta conveniente que el nuevo régimen incorpore espacios de flexibilidad, mecanismos de revisión periódica y un monitoreo permanente de sus efectos sobre la competencia, la gestión de inversiones y el mercado de capitales.
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