Convertir ciencia en empresa
Fernando Hentzschel Martínez gerente de Capacidades Tecnológicas de Corfo
La capacidad de investigación y la calidad de la academia en Chile, en particular el trabajo que realizan universidades, centros de investigación y programas públicos, es ampliamente reconocida. Sin embargo, ha coexistido con una debilidad estructural que es la dificultan de convertir ese conocimiento en valor económico, productivo y social.
La Ley de Transferencia Tecnológica y de Conocimiento que fue aprobada recientemente representa un avance importante para abordar esa brecha y no lo hace porque viene a resolver todos los desafíos del país en materia de crecimiento y generación de valor, sino porque actúa sobre uno de los principales obstáculos que han limitado el desarrollo de un ecosistema de innovación: la falta de incentivos para convertir la ciencia en empresa.
La conexión más virtuosa entre ciencia e industria suele darse a través de empresas de base científico-tecnológica (EBCT), capaces de traducir conocimiento en soluciones escalables y adaptadas al mercado, cosa que en Chile aún cuesta ver de manera fluida. Uno de los cambios más relevantes de la nueva ley es la eliminación del límite de 10% de participación que podían tener los investigadores en las empresas surgidas de sus propias investigaciones, restricción que en la práctica restringía el emprendimiento científico y dificultaba la participación de inversionistas. Ahí yace una de las causas de la persistente desconexión entre ciencia e industria.
“La conexión más virtuosa entre ciencia e industria suele darse a través de empresas de base científico-tecnológica (EBCT), capaces de traducir conocimiento en soluciones escalables y adaptadas al mercado, cosa que en Chile aún cuesta ver de manera fluida”.
Al remover esta barrera, la ley no solo facilita la creación de nuevas EBCT, sino que acerca a Chile a prácticas internacionales que impulsan el desarrollo basado en conocimiento. Al favorecer una relación más directa entre universidades y empresas, se reducen rigideces poco compatibles con los tiempos de la innovación. Estas empresas requieren capacidades, financiamiento y un entorno institucional que alinee adecuadamente los incentivos y en ese marco, Corfo impulsará activamente los mecanismos de esta nueva ley para que más investigadores puedan llevar sus desarrollos al mercado.
La ley también plantea desafíos, particularmente en torno al equilibrio entre ciencia abierta y protección de la propiedad intelectual, legítima discusión que exige una implementación cuidadosa para resguardar la protección tecnológica y maximizar el valor económico del conocimiento. En industrias complejas, la innovación surge de ecosistemas dinámicos de proveedores especializados, muchas veces nacidos de la investigación científica.
Promover estos nuevos actores es clave para aumentar la productividad, la sostenibilidad y la sofisticación de nuestra matriz y para ello, la Ley de Transferencia Tecnológica no es un punto de llegada, pero sí el punto de inflexión que permita cerrar al fin la brecha entre ciencia e industria.
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