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Columnistas

El retroceso silencioso de mujeres jóvenes en un escenario de desempleo

ROSARIO UNDURRAGA UNIVERSIDAD FINIS TERRAE Y NATALIA LÓPEZ-HORNICKEL UNIVERSITY OF BATH

Por: ROSARIO UNDURRAGA Y NATALIA LÓPEZ

Publicado: Jueves 17 de septiembre de 2026 a las 04:00 hrs.

Son momentos críticos laboralmente para la población chilena. Según el INE, en el trimestre mayo-julio 2026 la tasa de desocupación nacional fue de 9,5%, mostrando un aumento de 0,8 puntos porcentuales en doce meses. Significa que cerca de un millón de personas no tiene empleo, está buscando uno y se encuentra disponible para comenzar a trabajar. Además, el empleo que se genera es de menor calidad, liderado por trabajadores por cuenta propia y asalariados informales.

Los grupos más golpeados son mujeres y jóvenes. La tasa de desocupación de las mujeres alcanzó un 10,3% versus un 8,9% de los hombres. Si bien en el último trimestre la tasa masculina subió más (mujeres +0,6pp, hombres +1pp), las mujeres parten de una tasa de desocupación históricamente más alta. A ello se suma que el empleo informal femenino creció un 3,9%. Por otro lado, en los jóvenes entre 25 y 34 años, la tasa de desempleo es de un 12,2%, seguida por un 7,7% en aquellos entre 35 y 44 años.

Como parte de la investigación que estamos desarrollando sobre generaciones y valoración al trabajo, hemos analizado datos de la Encuesta Nacional del Uso del Tiempo (INE, 2025), considerando la intersección entre generaciones y género. Las cifras revelan que los hombres trabajan más horas remuneradas que las mujeres en todas las generaciones. Las mujeres dedican más tiempo al cuidado no remunerado con diferencias significativas en las generaciones X, Millennial y Z, siendo la más alta la Generación Z (de 26 a 29 años), con una dedicación de 3,17 horas versus 1,29 horas los hombres. Esta diferencia desaparece en las generaciones mayores (Boomer y Silenciosa).

“Mientras ellas no trabajan remuneradamente, trabajan en el espacio doméstico haciendo que este funcione y cuidando de sus miembros”.

Más relevante aún es que, en el caso del trabajo doméstico, esa brecha de género es significativa estadísticamente para todas las generaciones, con diferencias que van entre 1,83 horas para la Generación X (entre 46 y 61 años), y 0,84 hrs. en la Generación Z. Nada nuevo: las mujeres en todas las edades dedican más tiempo que los hombres al trabajo doméstico. De tal suerte, mientras ellas no trabajan remuneradamente, trabajan en el espacio doméstico haciendo que este funcione y cuidando de sus miembros.

¿Qué está en juego? La perpetuación de las brechas de género entre las generaciones más jóvenes y, con ello, mayores dificultades en la inserción laboral de las mujeres. Resulta especialmente preocupante que, en un contexto de elevadas tasas de desocupación juvenil, persistan modelos tradicionales de división sexual del trabajo, en los que ellas continúan asumiendo las tareas domésticas y de cuidado, a costa de su autonomía. La normalización de estos roles no solo invisibiliza el trabajo implicado en estas labores, sino también que estas desigualdades puedan consolidarse a lo largo del tiempo. Estas responsabilidades de cuidado, sumadas a la falta de experiencia laboral, pueden dificultar la posterior incorporación al mercado laboral de mujeres jóvenes, y sus posibilidades de independencia económica y desarrollo laboral, en un mundo que les promete, a la vez que les exige, autonomía.

Los costos del desempleo redundan en afirmar los roles tradicionales de género. Reducir la tasa de desempleo sería, en este sentido, permitir el avance hacia relaciones más igualitarias entre hombres y mujeres, gracias a un mercado laboral que se dispone a ofrecer mayores y mejores oportunidades de participación femenina para todas las generaciones y en todos sus sectores.

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