El secuestro de la innovación: la trampa del “IA-ismo” corporativo
DANIEL CHIANG Co-CEO & Head of Innovation & Strategy
Este error lo hemos cometido varias veces antes. Lo hicimos con el Data, lo repetimos con el Big Data, lo elevamos a dogma con la transformación digital y hoy lo llevamos al extremo con la inteligencia artificial (IA). Cada cierto tiempo, el ecosistema de negocios secuestra la disciplina de la innovación, la despoja de su propósito original y la reduce a la tecnología de moda.
Hoy es casi imposible asistir a un comité, un directorio o un foro de innovación sin que la IA monopolice la conversación. Hemos caído en un “IA-ismo” miope que confunde la herramienta con el fin. La inteligencia artificial es un instrumento valioso que requiere manejo riguroso; pero no es el destino final de la estrategia empresarial ni puede convertirse en el monotema de quienes lideran la transformación.
El síntoma más alarmante de esto son las métricas éxito en las organizaciones. Resulta preocupante encontrarse con áreas enteras de innovación cuya métrica principal de desempeño es la “tasa de adopción de IA”, sin evaluar el impacto real en el margen, la eficiencia operativa o la satisfacción del cliente. Estamos celebrando el uso de la herramienta por el simple hecho de usarla. Estamos midiendo al maestro por cuántas veces usa el martillo y no por si la casa se mantiene en pie.
“Resulta preocupante encontrarse con áreas enteras de innovación cuya métrica principal de desempeño es la “tasa de adopción de IA”, sin evaluar el impacto real en el margen”.
Reducir la innovación a una sola tecnología le hace un flaco favor a la disciplina. Innovar va mucho más allá de eso; implica rediseñar modelos de negocios, optimizar procesos, desarrollar metodologías de trabajo y crear nuevos productos o servicios para mercados no explorados. Existen innovaciones transversales y de alto impacto que no requieren una sola línea de código o en este caso un prompt. Al condicionar toda la agenda innovativa a una solución de moda, las compañías pierden la capacidad de mirar el negocio con perspectiva sistémica.
Lo paradójico es que muchas empresas instalan estas tecnologías con bombos y platillos, pero no invierten para capacitar a sus equipos en cómo usarlas. Compran licencias para proyectar modernidad ante el mercado, pero carecen de la madurez organizacional para integrar la herramienta en sus procesos reales. Terminan permitiendo que una tendencia externa defina la arquitectura de un área completa, solo para demostrar que “están en la vanguardia”.
Es momento de recuperar la cordura. La IA debe ser entendida como lo que es: una herramienta potente. La verdadera ventaja competitiva no reside en sumar tecnología porque todos lo hacen, sino en la capacidad de generar valor sostenible, resolver dolores reales y abrir nuevos espacios de crecimiento. Es hora de liberar a la innovación de este secuestro antes de que la siguiente moda tecnológica nos encuentre cometiendo, por quinta vez, exactamente el mismo error.