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Columnistas

Exportar minería, no solo cobre y litio

MAXIMILIANO SANTA CRUZ Socio de Santa Cruz IP y exdirector de INAPI

Por: Maximiliano Santa Cruz

Publicado: Miércoles 8 de julio de 2026 a las 04:03 hrs.

Chile es una potencia minera. Pero, en una economía en que una parte creciente del valor proviene del conocimiento, el desempeño de una industria no puede medirse sólo por las toneladas que extrae o exporta. Hemos construido capacidades extraordinarias para operar minerales a gran escala; el desafío es capturar y proyectar el valor de las soluciones que esa operación exige.

En su reciente visita a Chile, Ricardo Hausmann recordó que los países no progresan sólo por aquello que extraen, sino por lo que aprenden a hacer a partir de ello. La minería chilena ha acumulado una experiencia difícil de replicar dado menores leyes de mineral, escasez hídrica, exigencias ambientales, relaves y cierre de faenas. Sin embargo, esa experiencia rara vez se traduce en tecnologías, patentes o empresas capaces de acompañar a la industria fuera del país. Australia y Canadá han proyectado globalmente sus capacidades mineras, decía Hausmann; nosotros seguimos exportando mucho mineral, pero relativamente poco del conocimiento que produce nuestra propia minería.

Cuando una empresa reduce el uso de agua, energía o emisiones, mejora la recuperación de minerales o desarrolla procesos para producir litio con menor huella ambiental, no sólo perfecciona su operación, sino que está generando una ventaja tecnológica que puede convertirse en un activo exportable. Pero ello exige identificarla y protegerla a tiempo, antes de validarla, licenciarla o convertirla en una nueva empresa.

“Hemos construido capacidades extraordinarias para operar minerales; el desafío es proyectar el valor de las soluciones que esa operación exige”.

Allí radica parte de la brecha chilena. Tenemos conocimiento, talento, universidades y operaciones de escala mundial. Contamos también con una infraestructura de propiedad intelectual e internacionalización que permite proteger desarrollos en otros mercados de forma predecible y relativamente accesible. Pero transformamos poco de esas capacidades en innovación patentable, activos tecnológicos y negocios globales. Una idea divulgada antes de tiempo puede perder novedad; una solución sin claridad sobre titularidad, confidencialidad o libertad de operación difícilmente atraerá inversión; una innovación no protegida queda disponible para la competencia.

La propiedad intelectual no debiera aparecer al final de un proyecto como una formalidad jurídica. Debiera integrarse desde el comienzo para detectar invenciones, ordenar derechos, resguardar información crítica y decidir cómo llevar los resultados al mercado. Esa disciplina permite que una solución nacida en una faena se convierta en una licencia, una empresa tecnológica o una exportación de conocimiento.

El litio ofrece una oportunidad clara. Más allá de extraerlo, Chile debiera desarrollar tecnologías de extracción directa, procesamiento, reutilización de agua, gestión de salmueras y recuperación de materiales. Si se prueban en nuestros yacimientos, podremos ofrecer al mundo no sólo mineral, sino conocimiento validado en condiciones exigentes.

La misma lógica vale para otros sectores productivos. Chile dejará de depender de sus recursos naturales cuando convierta los desafíos de sus industrias en tecnologías propias, protegibles y exportables. El cobre y el litio son el punto de partida; la tarea es transformar esa experiencia en nuevas empresas, empleos y exportaciones de conocimiento.

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