Volvamos a poner al mercado al servicio del crecimiento
ÁLVARO BARRIGA gerente legal y de relaciones institucionales de nuam
La idea de una nueva reforma al mercado de capitales es una buena noticia, pero también una oportunidad para corregir un problema más profundo. Durante años, en Chile hemos discutido el crecimiento como si dependiera solo de destrabar permisos, mejorar la productividad o recuperar la inversión. Todo eso importa. Pero existe una dimensión menos visible que también resulta decisiva: cómo se financia ese crecimiento.
Un mercado de capitales sano no puede ser un fin en sí mismo. Debe ser una infraestructura que permite transformar ahorro en inversión productiva, canalizar recursos hacia empresas de distintos tamaños y dar soporte financiero a proyectos de largo plazo. Cuando ese engranaje pierde dinamismo, el país no solo tiene menos liquidez o menos transacciones, tiene menos capacidad para financiar innovación, infraestructura, emprendimiento y expansión empresarial.
Por eso, una reforma de este tipo no debería entenderse como un paquete de ajustes aislados. Su verdadero valor estaría en reconstruir una lógica sistémica. El mercado no se profundiza con una sola medida tributaria, ni con una mejora puntual en la regulación. Se desarrolla cuando los incentivos, la infraestructura y el acceso al financiamiento empiezan a empujar en la misma dirección.
“Un mercado de capitales sano no puede ser un fin en sí mismo. Debe ser una infraestructura que permite transformar ahorro en inversión productiva, canalizar recursos hacia empresas de distintos tamaños y dar soporte financiero a proyectos de largo plazo”.
Ese es, quizás, el principal aprendizaje de las experiencias internacionales más exitosas. Los mercados que logran atraer inversión y sostener liquidez no lo hacen solo porque tengan menos regulación, sino porque cuentan con marcos más claros, procesos más proporcionales, menor fricción operativa y reglas que permiten que distintos actores participen de forma eficiente.
Existe además un desafío relevante: reconstruir el encadenamiento entre los distintos segmentos del mercado, desde empresas en etapas tempranas hasta emisores medianos y actores institucionales. Si ese ecosistema no funciona como un todo, el mercado pierde profundidad y capacidad para financiar el desarrollo.
De ahí que el debate actual pueda ser más importante de lo que parece. Si esta reforma logra reducir fricciones, fortalecer la liquidez, modernizar infraestructura y mejorar las condiciones para que más ahorro llegue a más proyectos, entonces no será solo una agenda financiera.
Hay, adicionalmente, una señal institucional que vale la pena subrayar: el Gobierno ha recogido propuestas de la industria, ha abierto mesas de trabajo con el sector privado y está analizando qué medidas requieren cambios legales y cuáles pueden avanzar por vía administrativa.
En un contexto donde Chile busca recuperar dinamismo económico, esta discusión adquiere una relevancia que trasciende al propio sector financiero.
Volver a poner al mercado al servicio del crecimiento significa, en el fondo, recuperar una convicción que Chile conoció bien: cuando el ahorro encuentra buenos canales para transformarse en inversión, se crean las condiciones para que más empresas crezcan, más proyectos se desarrollen y el país fortalezca su capacidad de crecer.
Instagram
Facebook
LinkedIn
YouTube
TikTok