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Editorial

DESEMPLEO JUVENIL

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Publicado: Martes 11 de agosto de 2026 a las 04:00 hrs.

Según la Encuesta Nacional de Empleo del Instituto Nacional de Estadísticas (INE), la tasa de desocupación entre los 15 y 24 años alcanzó 24,6% en el trimestre marzo-mayo de 2026, la más alta desde noviembre de 2020, cuando el país vivía los efectos de la pandemia. Se trata de un tramo compuesto, en gran parte, por recién egresados del sistema educativo que, por diversas razones, no tienen cabida en el mercado laboral.

De acuerdo al Boletín de Informalidad Laboral del INE, la ocupación informal en este grupo llegó a 38,5% en el trimestre enero-marzo de 2026, muy sobre el 26,5% nacional. Esa diferencia no solo responde a la debilidad que ha exhibido la actividad económica en los últimos años, sino que obliga a revisar la brecha generada entre la formación entregada a los jóvenes y las nuevas exigencias del mercado laboral.

El Panel Laboral del Instituto de Políticas Públicas UNAB concluye que los principales frenos a la contratación juvenil son el bajo crecimiento económico, la falta de experiencia previa y el desajuste entre formación y necesidades de las empresas, más que la automatización de cargos de entrada. Ahí se encuentra la paradoja, ya que hay sectores con demanda real de trabajadores que igualmente dejan afuera a los jóvenes.

Hay sectores con demanda real de trabajadores que, aun así, mantienen barreras de entrada para los jóvenes.

La minería, por ejemplo, ha perdido empleo en los últimos trimestres, retrocediendo 7,4% en 12 meses en el trimestre marzo-mayo de 2026, según el INE. Pero, al mismo tiempo, las compañías mineras siguen sin poder cubrir cargos técnicos y operacionales específicos.

El Consejo de Competencias Mineras proyecta en su estudio de fuerza laboral 2023-2032 que la gran minería necesitará más de 34 mil nuevas incorporaciones en la década, sobre todo para reemplazar jubilaciones. La problemática no reside en una falta de vacantes, sino en que las empresas prefieren perfiles con experiencia comprobada antes que apostar por recién egresados.

Sin embargo, esta situación no es exclusiva de nuestro país. La OCDE, en su Employment Outlook 2026, publicado en julio, señaló que la brecha de empleo entre los egresados universitarios jóvenes y el resto de la fuerza de trabajo se ha ampliado en todos los países desde antes de la pandemia y la masificación de la inteligencia artificial generativa. El Future of Jobs Report 2025, del Foro Económico Mundial, coincide y señala que el 81% de los empleadores priorizará la experiencia laboral por sobre el título universitario hacia 2030, y el 41% planea reducir dotaciones a medida que la inteligencia artificial automatice tareas, con mayor impacto en los cargos de entrada.

Europa ya tuvo esta discusión, aunque con resultados dispares, y es Alemania el país que marca el ejemplo dentro del bloque. Su desempeño demuestra que esperar a que mejore el ciclo económico no basta para cerrar el desajuste. Según Eurostat, con datos de junio de 2026, Alemania registraba una desocupación juvenil de 7,1%, frente a 23,4% en España y 21,1% en Francia. Esa brecha responde a decisiones de política pública: Alemania sostiene desde hace décadas un sistema de formación dual que conecta aula y empresa, algo que el resto del bloque no ha logrado replicar con la misma profundidad.

El gobierno chileno ya instaló una Mesa Interministerial por el Empleo donde los jóvenes figuran como uno de los tres grupos prioritarios, junto a mujeres y regiones, pero sin un mecanismo dedicado a ellos; diseñarlo debiera empezar a pesar en la agenda pública.

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