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Editorial

El margen de la recuperación

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Publicado: Miércoles 21 de octubre de 2026 a las 04:00 hrs.

La expectativa de parte de la banca de inversión de que el próximo movimiento de la tasa de política monetaria sea al alza introduce una nueva variable en la recuperación chilena. Algunas proyecciones sitúan ese ajuste en diciembre o a comienzos de 2027, mientras la Encuesta de Operadores Financieros del Banco Central anticipa que la tasa se mantendrá en 4,5% en la reunión de octubre. Aunque un incremento puntual de 25 puntos base tendría efectos acotados, el inicio de un ciclo de alzas podría encarecer el crédito y dificultar la recuperación del consumo y la inversión, un escenario que, por ahora, no constituye la expectativa predominante del mercado.

Esta posibilidad convive con proyecciones de estabilidad de la tasa durante un período prolongado, ante la falta de consenso sobre la necesidad de iniciar un ajuste. Mientras algunos análisis anticipan una respuesta a las presiones cambiarias y energéticas, otros consideran que la inflación subyacente, más próxima a la meta del 3%, y las expectativas aún ancladas a ese objetivo permiten mantener la tasa sin cambios. La diferencia radica en si los aumentos de alimentos y energía, asociados a perturbaciones de oferta, terminan propagándose a otros precios, un riesgo que deberá evaluarse antes de considerar nuevas alzas.

La recuperación no puede descansar, por tanto, en la expectativa de un financiamiento cada vez más barato.

Para hogares y empresas, la depreciación del peso encarece bienes e insumos importados, presiona los costos y reduce el poder adquisitivo, aunque también favorece la competitividad del sector exportador y permite amortiguar perturbaciones externas. Una tasa más alta podría moderar las presiones cambiarias, pero difícilmente revertiría aumentos del petróleo o los alimentos originados en factores externos y climáticos. En cambio, un ciclo de ajustes elevaría el costo de financiar el consumo, el capital de trabajo y los nuevos proyectos. El Banco Central dispone también de alternativas intermedias, como mantener la tasa y transmitir una señal más restrictiva sobre futuras decisiones, capaz de influir en las expectativas y el tipo de cambio.Sin embargo, evitar ese costo inmediato a cambio de tolerar una inflación persistente tampoco ofrecería una base sólida para crecer. La pérdida de poder adquisitivo debilita el consumo y la incertidumbre sobre los precios dificulta la planificación. Si las presiones inflacionarias se incorporan a las expectativas, corregirlas podría requerir más adelante una respuesta monetaria más intensa. El Banco Central deberá distinguir los aumentos transitorios de costos de aquellos que amenacen la convergencia de la inflación a su meta, sin reaccionar mecánicamente a perturbaciones de oferta que no comprometan las expectativas ni la inflación subyacente.

La recuperación no puede descansar, por tanto, en la expectativa de un financiamiento cada vez más barato. La moderación del gasto público contribuye este año a contener las presiones inflacionarias, mientras una mejor ejecución de la inversión pública y reglas previsibles para los proyectos privados pueden ampliar la capacidad productiva. Ante un eventual ciclo de alzas, reducir los costos y plazos para desarrollar inversiones adquiriría aún mayor relevancia. La coordinación de las políticas, respetando la autonomía del Banco Central, debiera evitar que el esfuerzo por contener la inflación se vuelva más costoso debido a obstáculos que otras autoridades sí pueden corregir.

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