¿Quiénes construirán el próximo ciclo?
Por Lorena Rodríguez, gerenta de negocios y sostenibilidad de Echeverría Izquierdo Edificaciones #Soy Promociona
Hace meses que lo veo en las mesas de negociación: los grandes mandantes ya no piden solo precio y plazo. Exigen trazabilidad en tiempo real, uso de tecnologías, softwares y modelos de gestión que reduzcan incertidumbres y conflictos. Ya no es un plus, sino un nuevo estándar de entrada.
La presión es necesaria. La productividad de la construcción ha crecido cerca de 1% anual durante las últimas dos décadas, frente al 2,8% de la economía global, según McKinsey. Pero quizás estamos mirando demasiado la tecnología y no lo suficiente a quienes construyen.
La industria de la construcción sigue siendo intensiva en oficios y trabajo manual, y su fuerza laboral envejece. Según Ciedess y OTIC CChC, los mayores de 50 años pasaron de representar 26,6% de los trabajadores en 2010 a 34,6% en 2024, mientras los jóvenes redujeron su participación. El conocimiento acumulado en obra corre el riesgo de salir de la industria más rápido de lo que somos capaces de transferirlo.
Hace más de 25 años llegué a esta industria como una de las pocas mujeres. La he vivido con bototos y casco en obra, y también desde una oficina, liderando negocios y sostenibilidad. He visto cómo la tecnología, hoy acelerada por la IA, transforma nuestra forma de trabajar. Sin embargo, hay algo que permanece: la experiencia de quienes saben construir sigue siendo un activo difícil de reemplazar.
Estamos viviendo una transición tecnológica al mismo tiempo que una transición generacional. La respuesta no puede ser solo digitalizar. Necesitamos capturar y transferir experiencia a las nuevas generaciones y, al mismo tiempo, transformar procesos mediante tecnología, prefabricación, modularización y estandarización.
También necesitamos nuevos talentos. Incorporar más mujeres no es solo una conversación sobre diversidad: es una oportunidad para sumar capacidades y dar sostenibilidad a la fuerza laboral. Una industria que necesitará más personas no puede buscar talento solo en la mitad de la población.
Y el desafío puede volverse más urgente. Las propuestas de cambios en la OGUC y en materia de IVA abren expectativas de reactivación de proyectos, mientras la gran minería proyecta requerir cerca de 37 mil nuevos trabajadores al 2034, parte de ellos en perfiles ligados a construcción. Si la inversión vuelve a crecer, el talento puede convertirse en un nuevo cuello de botella.
Experiencia, nuevas generaciones, mujeres, tecnología e industrialización son piezas de una misma transformación. El próximo salto de productividad no será solo construir más rápido: será contar con el talento necesario y aprender a construir distinto.