En su sitio web, KoBold Metals tiene un lema de dos palabras: “Predict Everything” (predecir todo). Tom Hunt, CTO de la firma, se conecta desde San Francisco, y describe el objetivo de la empresa como “convertir la exploración y el descubrimiento de minerales en un proceso científico repetible”.
Con ese método, la startup tiene hoy proyectos mineros en Zambia, Congo, Namibia, Suecia, Finlandia, Canadá, Estados Unidos y Australia. En Sudamérica aún no tiene nada. “Todavía no estamos activos”, dice Hunt, “pero creo que ‘todavía’ es una palabra importante, porque sabemos que Chile tiene rocas de clase mundial”, agrega.
Hunt es uno de los expositores de Mining MAS Pitch, el evento de tecnología minera que organizan DF MAS y ME Elecmetal el 4 de noviembre.
Físico, con un pregrado en Stanford, doctorado en Harvard y la Miller Fellowship de UC Berkeley, antes de KoBold pasó seis años en Google X, el laboratorio de proyectos experimentales de Google, y dirigió el pipeline tecnológico de Sila Nanotechnologies, que desarrolla materiales para baterías de autos eléctricos.
En 2008 fundó una empresa de paneles solares impresos y tiene más de una docena de patentes a su nombre.
En julio de 2022 asumió como VP de tecnología de KoBold y en marzo de este año tomó el liderazgo de todo el equipo de tecnología de la startup.
Un duende en la mina
El nombre Kobold viene de un duende del folclor germánico que, según la leyenda, maldecía a los mineros de plata y les envenenaba el mineral.
Kurt House, Josh Goldman y Jeff Jurinak fundaron la empresa con ese nombre en enero de 2018. Se habían conocido en 2014 armando una plataforma de compra de activos de petróleo y gas con data science. House, hoy CEO, es doctor en Matemática Aplicada y Ciencias de la Tierra de Harvard y pasó por Bain & Company.
Esa plataforma la construyeron en Phase Change Resources, de donde salieron en 2017 con la tesis de que la electrificación iba a necesitar muchos más metales para baterías de los que la industria estaba encontrando.
Goldman, hoy presidente de KoBold, es físico de Harvard y antes pasó por McKinsey y por un fondo de private equity de petróleo y gas, donde desarrollaba software para encontrar oportunidades subvaloradas en grandes bases de datos.
La empresa partió buscando cobalto, un insumo de las baterías de litio que en 2019 salía en más de dos tercios del Congo, un país cuestionado por el trabajo infantil en sus minas, y su primer terreno fue el norte de Québec, en Canadá.
En marzo de 2019 anunciaron que habían recibido inversión de Breakthrough Energy Ventures, el fondo de Bill Gates, y de Andreessen Horowitz, sin informar el monto.
Cómo funciona
KoBold no vende sus modelos ni software. Pide concesiones a los gobiernos o arma joint ventures con mineras grandes, medianas, junior o estatales, busca el yacimiento, lo define con un programa de perforación y diseña la mina, explica Hunt.
Su materia prima son los datos. La empresa reúne toda la información existente sobre un territorio -desde imágenes satelitales y estudios geofísicos hasta registros de perforaciones antiguas, informes en PDF y mapas pintados a mano sobre lino-, y los guarda en un solo lugar. Sobre esa base corre Machine Prospector, el sistema con el que usan los módulos de análisis y los modelos de machine learning que desarrollaron.
A eso suman información que levantan ellos. Tienen hardware propio, además de laboratorios químicos donde analizan las rocas que recogen sus geólogos en terreno. Con esas muestras entrenan los modelos, y la decisión de dónde perforar la toman geólogos que trabajan con ellos, cuenta el CTO.
Uno de los hardware que usan es el HyperPod, un sensor con cámaras de muy alta resolución, para medir la topografía. Actualmente tiene dos: una volando en un avión en Norteamérica y otra en vuelos sobre África, “La cámara de tu celular tiene rojo, verde y azul, tres colores. La cámara hiperespectral tiene unos 500”, explica el líder tecnológico de la startup. Con los colores infrarrojos pueden leer la química de las rocas que asoman en la superficie y mapear los minerales que dejó un pórfido de cobre.
Después de cada vuelo, los geólogos salen a recoger rocas, que KoBold analiza en sus propios laboratorios químicos, y con eso entrenan los modelos. Al final, un equipo de geólogos con IA decide dónde perforar, y cada sondaje cuesta del orden de US$ 1 millón.
Cuando un sondaje encuentra mineral, siguen perforando hasta armar un modelo en 3D del cuerpo mineralizado para saber si el yacimiento es rentable.
Hoy KoBold tiene cerca de 50 proyectos en distintas etapas, algunos perforando y otros tomando muestras de suelo, y uno solo, Mingomba -su activo principal-, en camino a convertirse en mina.
El modelo es que KoBold no cobra por nada de esto, su negocio es quedarse con una parte de los yacimientos que encuentra, ya sea en terrenos 100% propios o en sociedad con otras mineras, y recién va a tener ingresos cuando una de esas minas produzca.
El cobre a 1.000 metros
- Chile es uno de los mayores productores de cobre del mundo. ¿Por qué no están acá en Chile?
- Tienen algunas de las mejores rocas del mundo, sin duda. Es una jurisdicción minera muy activa, así que todos los mejores terrenos ya tienen dueño. No hemos encontrado al socio adecuado. Nos encantaría entrar con la sociedad correcta, en un terreno donde nuestros geólogos y nuestros modelos digan “sí, esto es interesante”, y ayudar a bajarle el riesgo y acercarlo a la producción.
- Si tienen un joint venture, por ejemplo con alguien como Codelco, ¿qué aporta el socio y qué aportan ustedes?
- Nos encanta hacer joint ventures con operadores de clase mundial del calibre de Codelco. Nosotros aportamos la caja de herramientas que construimos para explorar cobre y otros minerales en todo el mundo, modelos de machine learning que guardan todos los datos en un solo lugar, Machine Prospector, y hardware como HyperPod y CoreCam. También aportamos operaciones, aunque eso depende de la capacidad del socio. Y el socio aporta el terreno y los derechos sobre el terreno. No queremos trabajar en un proyecto de tercera categoría que nadie piensa que tiene buena geología. Y muchas veces viene con datos históricos, sean mapas dibujados a mano hace 100 años o geoquímica de hace cinco.
- ¿Crees que Chile está sobreexplorado o subexplorado?
- Definitivamente subexplorado. En el cinturón de cobre de Zambia la gente lleva cientos de años encontrando cobre, y eso significa que hubo procesos de formación de mineral de clase mundial. Claramente ese también es el caso de Chile. En los pórfidos, el cobre se formó a más de tres o cinco kilómetros de profundidad, así que los primeros que encuentras son los que subieron, se erosionaron y dejaron señales en la superficie. Con las primeras minas chilenas podías caminar por los Andes y encontrar cobre. Todos esos yacimientos ya se encontraron. Pero a 1.000 metros hacia abajo todavía hay una distribución equivalente, con muchos cuerpos mineralizados, y es muchísimo más difícil encontrarlos porque tienes que hacer un sondaje de US$ 1 millón para obtener una sola muestra. Te garantizo que están ahí en Chile, por la forma en que se formó el mineral. Es cuestión de poner la plata y los cerebros para hacer esos descubrimientos.
Según Hunt, KoBold se ha concentrado en otro tipo de depósito. Mingomba es cobre alojado en sedimentos, que Hunt compara con un yacimiento de petróleo, un fluido que se metió en los poros de la roca y dejó el cobre ahí. Igual, dice, muchas de sus herramientas están “listas para usar en Chile”.
¿Tecnofantasía o eureka?
A principios de octubre, el medio Berkeleyside publicó un perfil de KoBold titulado “¿Tecnofantasía o eureka?”. Ahí, Mike Anglin, un ejecutivo con más de 30 años en minería y descubrimientos de cobre en Chile, Perú y Argentina, plantea que Mingomba es la extensión de cuerpos mineralizados que ya estaban mapeados. Y el consultor Mothusi Pahl dice que KoBold subestimó el costo de la mina.
- Un perfil de KoBold puso un titular que decía algo como “¿tecnofantasía o eureka?”. ¿Cuál de las dos es?
- Depende de nosotros demostrar lo que estamos intentando hacer, que es convertir la exploración y el descubrimiento de minerales en un proceso científico repetible. Hoy somos capaces de descubrir, pero queremos construir un historial de muchos más descubrimientos y demostrar que la caja de herramientas puede llevar a varios. En ese punto ya no es una tecnofantasía, porque tenemos un historial. Todavía somos una empresa muy joven.
- ¿Cuál es el historial hoy?
- Es muy bueno. Somos una empresa chica, llevamos pocos años y tenemos un gran descubrimiento de cobre que estamos convirtiendo en una mina. Eso es bastante bueno, pero nunca es suficiente. Cualquiera puede tener suerte una vez.
- ¿Cuál es su tasa de acierto?
- El problema es la poca cantidad de datos estadísticos. Somos científicos extremadamente rigurosos. Si te ganas la lotería, podrías decir que tienes un sistema increíble para ganarla, pero probablemente sólo ganaste esa vez. Déjame responderte cuando tengamos cinco descubrimientos.
- Son una empresa que hace algo muy novedoso respaldada por fondos como Andreessen Horowitz, Sam Altman y BHP. ¿Cómo manejan esa presión por resultados?
- Definitivamente hay mucha presión por cumplir nuestra misión de hacer que la exploración y el descubrimiento de minerales sea un proceso repetible. Inversionistas de este calibre no invierten para hacer un descubrimiento. Invierten en una máquina que va a hacer descubrimiento tras descubrimiento tras descubrimiento.
De Google Fiber a Zambia
En Google X, Hunt trabajó con Google Fiber en construcción subterránea, evaluando perforación direccional horizontal y radar de penetración terrestre para instalar redes de fibra debajo de las ciudades. “No es el mismo problema que encontrar cobre, pero tienes que usar parte de las mismas tecnologías químicas, físicas y de perforación”, dice.
Con su empresa de paneles solares impresos buscaba fabricarlos más baratos que los del resto. “Ahora son tan baratos que son la forma más barata de electricidad en todo el mundo”, dice. Su cálculo es que en los próximos 30 años habrá que extraer tanto cobre como en los 3.000 años anteriores, y que hay que abrir cientos de minas nuevas para fabricar 2.000 millones de autos eléctricos y construir los centros de datos de la IA.
Va a Mingomba cada vez que puede y confiesa que su momento de mayor orgullo, fue la ceremonia de inicio de la mina, cuando los ingenieros zambianos de KoBold le presentaron su trabajo técnico al presidente de Zambia, Hakainde Hichilema.
En Chile dice que quiere hacer algo parecido. “Hay un grupo increíble de emprendedores, talento geológico y talento en software y ciencia de datos. Nos encantaría conectar con ese grupo y empujar también a los emprendedores en Chile”, dice. “No le tenemos miedo a la competencia”.