Algunos de los protagonistas de la carrera mundial por la inteligencia artificial compartirán mesa esta semana en la Casa Blanca, con Donald Trump como anfitrión y Xi Jinping como invitado de honor.
Sam Altman, de OpenAI; Jensen Huang, de Nvidia; Satya Nadella, de Microsoft; Cristiano Amon, de Qualcomm; y Tim Cook, de Apple, figuran entre los ejecutivos estadounidenses previstos para la cena que tiene espacio para 125 invitados. Del lado chino, se espera la presencia de representantes de compañías como Xiaomi y Zhongji Innolight, proveedor de componentes utilizados en centros de datos de IA, además del aguerrido competidor de Tesla en los autos eléctricos, BYD.
La escena reflejará una de las paradojas que marcarán la visita del líder chino. Mientras las empresas de ambas potencias compiten por los modelos, chips y la infraestructura que están definiendo el desarrollo de la IA, Washington y Beijing buscan establecer un diálogo para contener los riesgos que está generando esa misma carrera.
Bessent planteó que el objetivo inicial es abrir un canal de comunicación y aumentar la transparencia entre las potencias a la vanguardia de esta tecnología. “Lo más importante es simplemente empezar a hablar, y por eso hemos establecido el Diálogo sobre IA”, dijo este lunes a Financial Times. Las conversaciones, agregó, deberían permitir construir “una visión compartida de objetivos comunes y amenazas comunes”, y podrían tener una nueva ronda dentro de unos dos meses, probablemente en Shenzhen.
“Lo más importante es simplemente empezar a hablar, y por eso hemos establecido el Diálogo sobre IA”, dijo Scott Bessent en la previa de la cumbre.
Cooperar sin dejar de competir
Especialistas de lado y lado plantean que el diálogo no apuntaría a detener la carrera por la IA, sino de acordar ciertas barandas que impidan que sus riesgos compartidos terminen desencadenando una crisis entre las dos potencias.
La subdirectora del Center for International Security and Strategy de la Universidad de Tsinghua, Xiao Qian, sostuvo que sería “poco realista esperar que un renovado diálogo China-EE.UU. sobre IA elimine la competencia estratégica”. En una columna publicada por Foreign Policy señaló que el objetivo debiera ser el “gestionar riesgos compartidos, reducir malentendidos, construir confianza técnica y asegurar que la competencia en IA no evolucione hacia crisis evitables”.
Uno de los terrenos que Xiao considera más prometedores es el uso malicioso de la IA por actores no estatales. Allí incluye riesgos cibernéticos y biológicos, ataques contra infraestructura crítica, terrorismo, crimen transnacional, fraude y deepfakes. Entre las medidas que podrían explorar ambos gobiernos menciona mecanismos para reducir incidentes cibernéticos habilitados por IA, definir categorías de infraestructura crítica que deberían mantenerse protegidas y estudiar listas voluntarias de actividades cibernéticas consideradas inaceptables.
Un segundo espacio aparece en los propios sistemas de IA. Pese a la rivalidad, Xiao considera que existe margen de convergencia en metodologías de evaluación, pruebas antes del despliegue de modelos, reporte de incidentes, clasificación de riesgos y prácticas para su lanzamiento responsable. Para ello propone incluso un grupo de trabajo técnico conjunto que se reúna periódicamente. El problema, advierte, es que “los principales obstáculos son menos técnicos que políticos”, dado que avanzar requeriría un mínimo de confianza entre las dos partes y preservar canales de contacto entre científicos y especialistas.
Teléfono rojo
El área potencialmente más sensible aparece cuando una falla tecnológica adquiere consecuencias geopolíticas. Un agente autónomo desarrollado en China podría penetrar infraestructura estadounidense sin que Beijing haya ordenado una operación y viceversa. Ante un episodio de ese tipo, uno de los problemas sería determinar con rapidez si se trata de una agresión deliberada, de la actuación de un tercero o simplemente de un sistema que escapó al control de sus desarrolladores.
Un informe del programa de Tecnología y Asuntos Internacionales del centro de estudios con sede en Washington, Carnegie Endowment for International Peace, sostiene que incidentes que hasta hace poco podían parecer improbables “ahora son perfectamente posibles” y que ambos países necesitarán comunicarse “de forma rápida y eficaz” cuando enfrenten una crisis emergente de IA.
En ese marco, propusieron establecer una línea directa de crisis específica para inteligencia artificial. Aunque recuerda a la imagen del teléfono rojo, Carnegie plantea que en realidad se trataría de un sistema basado en texto, disponible permanentemente y atendido por personal con conocimientos técnicos, además de canales diferentes para comunicaciones rutinarias y emergencias.
Los dos países deberían acordar previamente qué nivel de gravedad obliga a realizar una notificación y disponer de un sistema seguro para intercambiar evidencia digital, como registros de actividad de los modelos. “El próximo diálogo entre Estados Unidos y China sobre IA es el lugar para empezar”, concluye el reporte.
La propuesta busca subsanar los históricamente débiles canales de crisis entre Washington y Beijing. Actualmente el mecanismo militar exige 48 horas de aviso para una llamada, plazos que no conversan con la velocidad de la IA.
Xiao advierte que la desconfianza puede dejar a los gobiernos con poco tiempo e información para distinguir un accidente de un ataque, abriendo la puerta a represalias y una escalada mayor.