Conexión a China

Beijing preferiría el caos de Trump a una presidencia de Biden

China no cree que sus intereses sean velados por un presidente capaz de unir a los aliados estadounidenses y construir una coalición global que pudiera limitar las ambiciones del Partido Comunista.

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Si cree en lo expresado por el exasesor de seguridad nacional John Bolton, Donald Trump ha estado buscando ayuda para su reelección en algunos lugares sorprendentes.

La imagen del presidente estadounidense "suplicándole" al presidente Xi Jinping que usara las compras chinas de trigo y de soya para ayudarlo a ganar las elecciones de noviembre es asombrosa, pero también reveladora. Sugiere que Trump está consciente de que Beijing definitivamente preferiría cuatro años más de un caótico declive estadounidense bajo su liderazgo que enfrentar la presidencia del candidato demócrata Joe Biden.

Durante las últimas semanas, el "tuiteador en jefe" ha repetido constantemente el mensaje opuesto: que China está "desesperada" y "hará cualquier cosa", incluyendo intencionalmente propagar el coronavirus a nivel mundial, para que él pierda las elecciones.

En respuesta, Hu Xijin, el editor del periódico Global Times, una publicación nacionalista y controlada por el Estado chino, dijo que el presidente estadounidense estaba, de hecho, promoviendo la "unidad en China", en donde todos desean su reelección porque "puede hacer que EEUU sea excéntrico y, por lo tanto, aborrecible ante el mundo".

El hecho de que el liderazgo comunista preferiría a alguien cuyos ataques verbales en contra de China representan una parte crucial de su estrategia de campaña muestra cuán malas se han tornado las relaciones chino-estadounidenses. Beijing se ha dado cuenta de que la animosidad estadounidense actualmente es una posición bipartidista entre los demócratas y entre los republicanos. El cambio de presidentes sería, principalmente, una cuestión de aptitud más que de dirección política. Así es que la elección por parte de China se reduce a si será Trump o Biden quien implementará más efectivamente una política que afectaría a China y a sus principales intereses.

Para Beijing, el candidato menos preferido sería el que pueda reanimar y unir a los aliados tradicionales, particularmente en las proximidades de China. Corea, Japón, India, Taiwán, Australia, Vietnam, Indonesia, Malasia, partes de África, la mayor parte de Europa y muchos otros países están profundamente preocupados por la creciente asertividad de China.

Desde que fue elegido en 2016, Trump y su filosofía de "EEUU Primero" le ha causado más daño al orden mundial liberal construido por EEUU que cualquier otro presidente de la posguerra. Ha atacado, engatusado y menospreciado a los aliados más cercanos del país, mientras fraterniza con los autócratas, incluyendo con Xi.

La mayor preocupación para los líderes de China es que un EEUU enfocado trabajaría en estrecha colaboración con sus aliados tradicionales y potenciales con el fin de formar una coalición global para restringir al partido comunista en el país y en el extranjero. Durante una segunda administración Trump, esto es altamente improbable; bajo Biden, es casi seguro.

La preferencia de Beijing por los presidentes republicanos –"derechistas" en las palabras del presidente Mao- se remonta, por lo menos, a la época de Richard Nixon, quien consideraba el acercamiento con la China comunista como el acto más significativo de su mandato. "Me gustan los derechistas", le dijo Mao a Nixon cuando se reunieron en Beijing en 1972. "Estoy relativamente feliz cuando estas personas de la derecha llegan al poder", agregó.

Los funcionarios chinos explican que a los presidentes republicanos siempre se les ha considerado más fáciles de tratar que a los demócratas porque son más pragmáticos y más solidarios con las grandes compañías ansiosas por aprovechar la enorme fuerza laboral y el mercado de China.

Trump, a pesar de lo que dice, es en realidad una de las principales fuerzas restrictivas en una clase dirigente de Washington cada vez más agresiva. Es altamente transaccional, no ideológico en lo absoluto, y no le importan para nada los derechos humanos en China o en ningún otro lugar.

Según Bolton, Trump rechazó las preocupaciones acerca de la destrucción de las libertades en Hong Kong; minimizó la importancia estratégica de Taiwán; y respaldó la construcción, por parte de Beijing, de campamentos de reeducación para millones de musulmanes. Todo era negociable, siempre y cuando le ganara un acuerdo comercial que él pensaba que lo ayudaría a ser reelegido.

Además de la propensión a fortalecer alianzas y a concentrarse en las violaciones de los derechos humanos, una presidencia de Biden ayudaría a reconstruir el poder blando de EEUU en todo el mundo y, lo que es más crucial, dentro de la propia China.

Una de las formas más poderosas para que EEUU tenga éxito en su creciente competencia con el Partido Comunista es convencer a los ciudadanos chinos de que los sistemas libres y democráticos son realmente mejores que los autoritarios. Pero con sus tendencias autocráticas; con sus intentos de silenciar a la prensa; con la contratación de sus hijos para importantes cargos gubernamentales; y con los llamados para que el ejército aplastara a los manifestantes, Trump les ha facilitado a los propagandistas el presentar al sistema estadounidense como equivalente al de China.

Por increíble que le parezca a su principal base de partidarios, desde la perspectiva de los líderes autoritarios de China, un voto por Donald Trump en noviembre será un voto para hacer "que China vuelva a ser grande".

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