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Blog

16/06/2017

Actualidad del pensamiento de Chesterton

  • Por JAVIERA CORVALÁN AZPIAZU*
    Actualidad del pensamiento de Chesterton

    Durante la segunda semana de mayo del presente año, tuvo lugar en Santiago, Concepción y Talca la décima versión de las Jornadas Chestertonianas en Chile. Estas Jornadas son organizadas anualmente por el Instituto G. K. Chesterton para la Fe & Cultura, basado en Seton Hall University (New Jersey), el cual fue fundado en Canadá en 1974 por el P. Ian Boyd, C.S.B., para promover el interés en todos los aspectos de la vida y obra del pensador y escritor G. K. Chesterton, y la aplicación de su pensamiento al mundo actual. El Instituto realiza seminarios, conferencias y charlas en Estados Unidos, Canadá y en la mayoría de los países europeos; y, a medida que el interés por la obra de Chesterton se ha expandido en los países de habla hispana, ha ido extendiendo su labor, entre otros, a Chile, Colombia y Argentina, donde el antes arzobispo de Buenos Aires, Cardenal Jorge Mario Bergoglio, fue cercano a sus iniciativas.

    Las últimas Jornadas Chestertonianas en Chile -cuya organización tuvo también el apoyo de la Red Cultural de Santiago, el Colegio Santa Úrsula, la Universidad de Talca, la Universidad Católica de la Santísima Concepción y el Arzobispado de Concepción- contó con la exposición del profesor irlandés Dermot Quinn, catedrático de Historia en Seton Hall University y editor asociado de The Chesterton Review.

    A la luz del pensamiento de Chesterton, conversamos con el Profesor Quinn sobre temas que van desde el escepticismo de la posmodernidad hasta el distributismo en materia económica, pasando por problemas éticos como la eugenesia, virtudes olvidadas como la capacidad de asombro, y el concepto de “espíritu religioso”.

    - A ojos de Chesterton, una historia debe ser siempre “un vehículo para expresar la verdad más profunda”. ¿Qué es la verdad más profunda? ¿No hay una aguda tensión entre ese propósito y el escepticismo de la posmodernidad?

    - Para Chesterton, los relatos se comprenden de mejor manera en forma de parábolas. Por ejemplo, cuando se piensa en la Historia, uno está esencialmente pensando en un relato: la totalidad de la historia humana tal como se despliega en el tiempo y el espacio. En ese sentido, cualquier tipo de relato revela un significado más allá de la mera narración de una trama. Chesterton era un escritor sacramental, es decir, creía que las cosas materiales constituyen, en definitiva, señales de realidades espirituales más profundas. De alguna manera, se encuentra en la misma tradición de escritores como Flannery O´Connor, T.S. Eliot, etc. Para él, como para todos ellos, la verdad más profunda es que la condición humana es un drama: “un relato terrenal con un significado celestial”. Todas las cosas, aun las más triviales y mundanas en apariencia, apuntan en definitiva hacia Dios.

    Naturalmente, la cuestión del escepticismo en la posmodernidad se aplica de mejor manera a los escépticos postmodernos. Cuando el postmodernismo insiste en el escepticismo epistemológico como su principio rector, no sólo destruye otros sistemas de pensamiento, sino también se destruye a sí mismo. En su magnífico libro “Ortodoxia”, Chesterton se refirió una vez al “pensamiento que destruye el pensamiento mismo”. También podría haber estado describiendo a ciertos pensadores contemporáneos postmodernos. Ciertamente, algo del postmodernismo es perfectamente compatible con la fe, pero gran parte del mismo es vulgar e intelectualmente trivial.

    - Sobre la base de lo anterior, ¿qué diría de la mirada profética de Chesterton hacia el siglo en que vivimos, considerados los fenómenos morales y sociales actualmente predominantes?

    - Es posible comprender a Chesterton como crítico y como celebrante. En su época, criticaba severamente los sistemas económicos que discriminaban a las personas comunes y corrientes en favor de grandes corporaciones, fideicomisos y monopolios. También criticaba mucho los círculos políticos, los cuales, si bien tenían una apariencia democrática, eran en realidad conspiraciones oligárquicas contra el pueblo. Le desagradaban además los imperios, pues consideraba que las naciones pequeñas tenían derecho a gobernarse a sí mismas. En ese sentido, gran parte de lo dicho por él un siglo atrás tiene plena vigencia en la actualidad.

    Al mismo tiempo, Chesterton no era puramente un crítico. De inigualables buen humor y vitalidad, celebraba la vida: la vida común y corriente, las personas comunes y corrientes, las pequeñas comunidades, la vida familiar, el don de la vida misma. Era -y es- una especie de tónico para nuestro mundo cansado. Tiene una habilidad brillante para levantarnos el ánimo.

    - Uno de los temas abordados durante las últimas Jornadas Chestertonianas en Chile fue la eugenesia. ¿Por qué decidió abordarse tal materia, y qué tiene que decir el pensamiento de Chesterton al respecto?

    - Nos concentramos en la eugenesia porque el tema actualmente constituye un desafío muy urgente en el mundo moderno y porque Chesterton nos ofrece importante orientación para abordarlo. En 1922 él publicó un libro titulado “La eugenesia y otras desgracias”, que entre otras cosas abordaba el tratamiento legal de quienes se consideraban mentalmente deficientes. Chesterton tenía objeciones a las leyes eugenésicas: se tratarían de una expansión arbitraria del poder del Estado y, más fundamentalmente, de un ataque a la dignidad humana. Hoy esta agresión ha llegado a ser aún más poderosa, precisamente por ser muy sutil. Muchos estamos al tanto de la pérdida a nivel mundial de vidas humanas a causa del aborto: alrededor de 55 millones de personas asesinadas en el año 2016. ¿Pero tenemos conciencia también de las consecuencias de la manipulación genética, de la explotación comercial de le embriología humana, de la mercantilización del tejido fetal y de las partes del cuerpo? Chesterton previó lo que ha llegado a ocurrir: no tanto el Estado eugenésico (que le parecía deplorable), sino una mentalidad eugenésica generalizada (que es peor).

    - En materia económica, Chesterton propone, en la línea del Papa León XIII, el distributismo. ¿Podría usted explicarnos brevemente en qué consiste esta doctrina? A su juicio, ¿es hoy viable su aplicación?

    - Distributismo es un término no muy atractivo para un conjunto sumamente atractivo de principios sociales y económicos. Chesterton tenía una decidida preferencia por los negocios pequeños y locales, y es eso lo que significa “distributismo”: que la propiedad productiva se distribuya de la forma más amplia posible. A él le parecía que esas formas de propiedad eran más humanas (y además, por esa misma razón, más eficientes). Pensaba que la gran empresa constituía por lo general un bluf, una conspiración contra la ciudadanía y una manera de imponer una pesada uniformidad contraria a la infinita y fascinante variedad de que es capaz la creatividad humana. Le parecía deplorable lo que llamaba “la estandarización de bajo estándar”, y pensaba que para evitar dicho fenómeno eran necesarias tiendas a escala humana, fábricas de propiedad local, cooperativas locales y granjas familiares. Pienso que esto sigue siendo una propuesta viable.

    - A propósito de las necesarias reformas sociales que urgen en la mayoría de los países, el P.Ian Boyd ha afirmado en diversas ocasiones que el espíritu reformista del Instituto que fundó es un compromiso primordialmente religioso. ¿Por qué?

    - El Padre Ian Boyd, fundador y presidente del Instituto G.K Chesterton para la Fe y la Cultura, establecido en Seton Hall University, ha dicho que la tarea del Instituto Chesterton “consiste en continuar en nuestros días con el trabajo iniciado por Chesterton en su época”. Es éste un trabajo espiritual en el sentido de que trabajamos por una renovación de la conciencia moral y de la cultura. Anhelamos, por así decirlo, un despertar de los pueblos y culturas al redescubrimiento de su propia dignidad de hijos de Dios; y tal autocomprensión es una parte esencial del espíritu religioso.

    - En relación con lo anterior, el mismo P. Boyd ha sostenido que “perder u olvidar el ejercicio de la facultad de asombro y agradecimiento -tan propios del espíritu religioso- es la debilidad más seria que puede afligir a un pueblo”. ¿Es éste un aserto chestertoniano?

    - Por cierto. Durante los días más oscuros del comunismo en la Unión Soviética se describía a Chesterton como “el apóstol de la esperanza”. Eso es exactamente lo que él era y es. En definitiva, su obra es un gozoso llamado a maravillarse y a la gratitud. Nuestra tarea -dijo una vez- consiste en estar simultáneamente a gusto y totalmente asombrados en el mundo: estar asombrados por el don de la vida misma. ¿No estamos hoy tan agotados por lo fatigoso de la vida, que llegamos a ser incapaces de ver el indescriptible regalo que ella constituye?

    - Chesterton afirmó que “El mundo moderno está lleno de viejas virtudes cristianas que se volvieron locas”. ¿Puede constatarse esto en la situación actual de occidente? ¿Cuáles son esas viejas virtudes cristianas que hoy están “vueltas locas”?

    - Ésa es una de las mejores expresiones de Chesterton, y los casos son demasiado numerosos como para mencionarlos todos. Él pensaba sobre todo en la Revolución Francesa, en que un inmenso deseo de libertad terminó convirtiéndose en frenesí destructivo: La revolución terminó consumiendo a sus propios hijos. Pero pensemos también en la virtud cristiana del respeto a los demás, por ejemplo, que ahora se ha convertido en un negarse a condenar absolutamente todo tipo de comportamiento (incluyendo el propio). O pensemos en la humildad (una virtud muy grande), que fácilmente puede volverse timidez: una especie de pusilanimidad moral, algo así como una cobardía epistemológica. Gran parte de lo que llamamos corrección política proviene de una tendencia loable a la libertad y a la justicia, que simplemente ha llegado a ser absolutista y en algunos casos bastante absurda.

    CHESTERTON Y EUGENESIA: EL DESAFÍO DE NUESTRA ÉPOCA

    El tema abordado en las Jornadas Chestertonianas que tuvieron lugar en Santiago fue "Chesterton y la Eugenesia". Gloria Garafulich- Grabois Directo, editora de The Chesterton Review, introdujo la Jornada señalando lo siguiente:

    "En 1883, Francis Galton, un científico inglés de la época Victoriana, sociólogo, entre otras cosas, leyó el libro de su primo hermano Charles Darwin, "El origen de las especies" y fue el trabajo en esta área y este libro en particular lo que le inspiró y que formaría la base de la filosofía que en el año 1883 que él llamara Eugenesia. La palabra eugenesia -un término elegido por el mismo Galton, se deriva de la palabra griega: Eugenēs que significa "buen nacimiento o buena raza"... Esta palabra entonces, Eugenesia, Galton la utilizaría para designar la teoría según la cual la constitución genética de los humanos podría ser perfeccionada mediante el control de su reproducción." En otras palabras: la ciencia para mejorar la población humana por medio de reproducción controlada para aumentar la ocurrencia de las características hereditarias deseables. O por decirlo de otra y más cruda manera: la ciencia para el estudio de los métodos para mejorar la calidad de la raza humana por medio de la crianza selectiva.

    A comienzos del siglo XX, en Gran Bretaña se creó la Sociedad Eugenésica Británica (1907) y en 1921 se realizó la primera Conferencia Internacional de Eugenesia; y el concepto de Eugenesia fue también muy bien recibido por la prensa, como por ejemplo en el New York Times, en donde el tema de la Eugenesia recibió una cobertura positiva y constante.

    Un famoso de la época, Bernard Shaw, escribió que "nada sino una religión eugenésica podría salvar la civilización de la suerte de todas las civilizaciones anteriores." "Por lo que debemos luchar es por la libertad para mejorar la raza sin ser obstaculizados por la cantidad de irrelevantes condiciones implícitas en la institución del matrimonio... Lo que necesitamos es la libertad para que las personas que nunca se han visto antes y que no tienen la intención de verse otra vez puedan producir hijos bajo ciertas condiciones definidas, sin la pérdida de su honor" – una propuesta para alcanzar la pureza racial. En ese momento, uno de los pocos escritores que escribió en contra la eugenesia fue G. K. Chesterton. En su profético libro "Eugenesia y otros males", publicado en 1922, el mismo año en que Chesterton se convirtió al catolicismo, escribe: "Para la base moral, es evidente que la responsabilidad ética del hombre varía con su conocimiento de las consecuencias".

    En opinión de Chesterton, la eugenesia desensibiliza a las personas respecto del valor de la vida humana. Hoy para recuperar, defender y resaltar las profecías de Chesterton sobre el valor y la importancia de cada vida humana, hay que insistir en que la existencia de Dios y la familia son incompatibles con la práctica de la eugenesia. Cada ser humano, sin importar cuántos desafíos físicos y/o no-físicos tenga, posee una dignidad única y es digno de respeto.

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