Constanza Hube

Arauco: ¿y las reglas del Estado?

Constanza Hube profesora derecho constitucional uc

Por: Constanza Hube | Publicado: Viernes 12 de febrero de 2021 a las 04:00 hrs.
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“No sé por qué este ensañamiento. No estamos en contra de la causa ma-puche. No trabajamos con las forestales. Llevamos alimentos hacia los ho-gares”. Este es solo uno de los testimonios recogidos hace unos días lue-go de una noche de terror en Arauco, en la que grupos de encapuchados quemaron casas, camiones y hasta una caleta de pescadores, con total libertad e impunidad. Estos hechos se suman al estado permanente de inseguridad e indefensión en el que se encuentra una parte importante de los habitantes de las regiones de Bio Bio y de la Araucanía.

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¿Tiene algo que decir o hacer el Estado? En esto, todo. No está de más recordar que la función prioritaria del Estado es precisamente el resguardo del orden público y es para esto que tiene reservado el monopolio de la fuerza. Una de las conquistas del Estado moderno es justamente que las personas renunciamos a nuestro derecho a defendernos por nosotros mismos (autotutela) con el objeto de que sea un tercero, en este caso, el Estado, el que cumpla ese rol (heterotutela). Se trata de garantizar una convivencia regida por reglas, y no por personas. En esto consiste el Esta-do de Derecho.

¿Gobiernan las reglas en la llamada “zona roja”? Claramente no. Bien lo decía un ex fiscal de La Araucanía, hace algunas semanas, al sostener -aludiendo a Temucuicui- que un normal procedimiento judicial no es posi-ble y eso demuestra que Temucuicui se transformó en un sitio que vive bajo sus propias reglas y donde la justicia no puede implementarse como en el resto del territorio nacional. En simple, es un territorio donde no im-pera el Estado de Derecho.

El Gobierno ha propuesto una agenda de seguridad y paz social para for-talecer el orden público y la seguridad ciudadana que considera 11 pro-yectos de ley, entre los que se encuentra la modernización de las policías y del sistema de inteligencia, iniciativas que sin duda son importantes, especialmente para las regiones aludidas, pero que aún están pendientes en el Congreso.

El restablecimiento y mantención de la paz no debieran tener colores polí-ticos, ni se pueden prestar para un miope “gallito” partidario. Se requiere transversalidad respecto a que, para poder convivir, el mínimo exigido es la seguridad y la tranquilidad. Sin ese mínimo, simplemente no es posible tener democracia.

Hechos y testimonios como los ocurridos en Arauco hace unos días no son los primeros y probablemente no serán los últimos en la llamada “zona ro-ja”, donde sin duda el Estado ha fracasado en su rol más elemental.

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