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DF Tax | El desafío que nos deja Tax Foundation

Pablo Chechilnitzky, socio de Recabarren & Asociados.

Por: Pablo Chechilnitzky | Publicado: Jueves 22 de octubre de 2020 a las 04:00 hrs.
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Pablo Chechilnitzky

Hace unos días se conoció un ranking de competitividad tributaria elaborado por Tax Foundation donde Chile figura en el penúltimo lugar dentro de países miembros de la OCDE. Lo anterior es una señal clara de la imagen que tiene actualmente nuestro país en el exterior en materias de impuestos, lo que no ayuda en momentos en que nos estamos comprometiendo con un incremento del gasto público (eventualmente permanente) que se deberá financiar, dentro de otras cosas, con mayor crecimiento económico o con un aumento en la recaudación fiscal.

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Una mirada local a nuestro sistema tributario no mejora lo evidenciado por este ranking. En los últimos años Chile ha tenido múltiples reformas tributarias, ninguna de las cuales ha logrado una aplicación en el tiempo que permita, por un lado, dar tranquilidad al inversionista local y extranjero; y por otro, que el ente fiscalizador se ajuste a la nueva normativa para, idealmente, facilitar el cumplimiento de los contribuyentes y perfeccionar sus facultades de fiscalización en miras a optimizar la recaudación.

La reforma de la ex Presidenta Michelle Bachelet tuvo una breve aplicación práctica, mientras que la última modernización tributaria del Presidente Sebastián Piñera registró una mutación importante desde su propuesta inicial hasta lo que fue aprobado por el Congreso, recogiendo del sistema anterior, dentro de otras cosas, la integración parcial de créditos. Esto significa que nuestro actual sistema, que fue fruto de una larga discusión y modificaciones iniciales, fue reformado apresuradamente producto de la crisis social, no teniendo tal vez la rigurosidad técnica y visión de aplicación práctica que se hace necesaria para la adecuada reglamentación, tanto desde una perspectiva de la inversión, generación de empleo, recaudación, redistribución, etc.

Esta imagen externa, evidenciada por el informe de Tax Foundation, y el actual escenario interno son síntomas de la politización de la discusión tributaria, lo que nos tiene actualmente conversando nuevamente acerca de modificaciones particulares a un sistema que necesita de una visión de aplicación práctica global. Así, se habla, por ejemplo, de un aumento del IVA (eminentemente regresivo), de la aplicación de un impuesto a los altos patrimonios o de la eliminación de distintas exenciones.

En las últimas semanas se anunció la formación, por parte del Ministerio de Hacienda, de un grupo tributario que analizará nuestro sistema para generar una nueva hoja de ruta. Es de esperar que sea la oportunidad para que la discusión tributaria nos permita contar con un sistema que entregue certeza de su aplicación el tiempo, que sea simple en su aplicación práctica y que aborde las necesidades del país a mediano y largo plazo para evitar su permanente modificación. En caso contrario, no seremos atractivos tributariamente como país, tanto para la inversión local como para efectos de atraer los capitales extranjeros necesarios para un crecimiento sostenido y seguiremos peleando al descenso en todos los rankings que analicen nuestra competitividad tributaria.

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