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DF Tax | Un Compañero, un Patriota y un Amarillo entran a un bar

Ignacio Gepp, socio de Puente Sur.

Por: Ignacio Gepp | Publicado: Jueves 2 de diciembre de 2021 a las 04:00 hrs.
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Ignacio Gepp

Fácil sería continuar este título diciendo que, en materia de impuestos, el Compañero pediría un corto de ron de Cuba (pero jamás un Cuba Libre), el Patriota un whisky de Texas, y el Amarillo una balanceada piscola. Pero no, el Compañero y el Patriota quieren convencer al Amarillo respecto de la mejor dieta.

Después de la primera vuelta, nos quedamos con que el Compañero tiene esta idea de un Estado que devora lo que produce los contribuyentes, y que después de la digestión lo reparte de forma virtuosa. Como el Estado es tan virtuoso como una lombriz en su digestión, necesita comer mucho más y más encima no necesita ir al gimnasio.

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Por su parte el Patriota, que ama la libertad económica, se propuso poner a dieta al Estado, ya que lo nota con sobrepeso y riesgo de infarto. Para ello, aspira a que vuelva a comer como lo hacía hace 11 años (porque el tiempo no pasa en vano parece), manteniéndose sano recortando la mitad de los ministerios ya 30.000 funcionarios.

El Amarillo, que se quedó sin alternativas en el menú, se dedica a pedir su segundo cóctel, trata de explicarse lo que está pasando y decidir qué hacer. ¿La dieta del Compañero o la del Patriota?

Todo Amarillo sabe que esta elección va mucho más allá de impuestos, pero nuestro amigo necesita tomar una posición y definir dos principios que le importan en una dieta:

1. Equidad tributaria; y,

2. Sustentabilidad - política tributaria al servicio del medioambiente.

Sobre el primer principio, el Amarillo está entusiasta con el Compañero porque le gusta hablar de igualdad. Ahora, y si uno lee su programa, es claro que la idea de aumentar la recaudación en 8% del PIB se apoya en los chilenos, llevando a los inversionistas criollos a una carga tributaria cercana al 45%, en contraste a norteamericanos y chinos que la mantendrán en 35%.

El Amarillo, que es de Valparaíso, se siente perjudicado en comparación a sus amigos de San Francisco y de Shanghái.

Por otro lado, el Patriota nos lleva de vuelta al pasado, a ese mundo donde a los mismos niveles de ingreso, un inversionista y un trabajador tributan igual. Pero el Amarillo no es leso, ya que sabe que tributariamente ser trabajador es peor que ser emprendedor, principalmente porque el trabajador casi no tiene franquicias fiscales y no puede hacer bicicleta con sus impuestos.

Sin equidad tributaria, algo que Chile impone y acepta en los convenios para evitar la doble tributación que firma a través de cláusulas de no discriminación, el Amarillo sólo puede opinar que tanto el Patriota como el Compañero son "de cartón", demandando de chilenos lo que no exigen a extranjeros, y de trabajadores lo que no a emprendedores.

En sustentabilidad, el Patriota anda flojo. Es verdad que habla de electromovilidad e hidrógeno verde, pero le pone menos número que los que maneja de memoria el Compañero.

Si bien el hombre del puño en alto saca a relucir el garrote tributario en materia ambiental, proponiendo aumentar el impuesto al carbono de US$ 5 a US$ 40 por tonelada, o de un impuesto al diésel de 7 UTM, reprueba el examen al no mostrar una zanahoria para evitar que esta alza de costos se traspase a los ciudadanos. Se echa de menos que con su usual vigor no haga alusión a incentivos tributarios a la economía circular, o a la inversión en la implementación de hidrógeno verde como combustible por parte de la minería, o la posibilidad de que las personas rebajen de sus impuestos las inversiones domiciliarias que se sustenten en energías limpias.

A esta altura el Amarillo ya va en su tercer cocktail, y acepta que no es posible pedirle al Patriota o al Compañero que se unan a su amarillismo. No lo harán.

Ad portas de terminarse el alcohol y cerrar el bar, el Amarillo sólo pide al Patriota y al Compañero que no dejen que sus tragos extranjeros se le suban a la cabeza, y que más allá de alguna expresión lírica incorporen -sin concesiones como se estila decir hoy- el histórico principio de equidad tributaria y de sustentabilidad como pilar de su política tributaria. Para ello, no tienen que abandonar su esencia, pero sí buscar consensos básicos entre todas las partes.

No compartirán sus gustos, pero si quieren el voto del Amarillo, un tipo que busca no ser monedita de oro sino construir puentes en base a principios fundamentales, es necesario que ambos hagan un mejor esfuerzo para dar con la nota. De lo contrario, será muy difícil para el Amarillo sentarse en la misma mesa con cualquiera de ellos.

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