×
[an error occurred while processing the directive]
Columnistas

El Frente Angosto

Rafael Ariztía Socio MFO Advisors

Por: Rafael Ariztía | Publicado: Miércoles 5 de julio de 2017 a las 04:00 hrs.
  • T+
  • T-

Rafael Ariztía

Es complicado esto de ponerse nombres grandilocuentes… ya le pasó a la Nueva Mayoría, que al poco andar pasó a ser la Nueva Minoría y ahora le pasa al Frente Amplio que, dado su performance en las primarias del domingo, bien podría pasar a ser el nuevo Frente Angosto. Porque si hay dos conclusiones mayoritarias de estas elecciones, éstas son el claro triunfo de Sebastián Piñera y de Chile Vamos y que el Frente Amplio, más allá de la cobertura mediática, demostró no serlo tanto.

Y es que, como pocas veces, en esta elección los chilenos pudieron elegir entre dos opciones bien claras y opuestas. Por un lado, continuar y profundizar el proceso de modernización del país que encarna Chile Vamos y, por otro, optar por la difusa idea de “cambiar el modelo”, que encarna el Frente Amplio. La respuesta fue abrumadora. Los chilenos no quieren saltos al vacío ni procesos refundacionales.

¿Sorprende? Para nada. Los chilenos quieren reformas que mejoren sus condiciones de vida, pero están contentos con la evolución que han tenido en las últimas décadas. El ataque que la izquierda hace al proceso modernizador es un ataque a las familias que han salido de la pobreza, que quieren certidumbres respecto de que su situación seguirá mejorando y que, por sobre todo, ésta no va a retroceder. Por eso la “retroexcavadora” ha sido un slogan tan letal para la Nueva Mayoría.

Ello explica la alta votación lograda por los candidatos de Chile Vamos. Porque a pesar de sus diferencias y énfasis, tanto Piñera, como Ossandón y Kast, ofrecían dos cosas que no ofrece la izquierda: capacidad para “hacer la pega” y compromiso de profundizar el proceso modernizador, las libertades y el ámbito de acción de la Sociedad Civil, y no revertirlo en beneficio de un Estado que, en el sueño de los jóvenes del Frente Amplio, sería capaz de resolver todos los problemas de la humanidad.

Por lo anterior, parece razonable preguntarse: ¿Por qué el Frente Amplio tiene una cobertura y una notoriedad que sobrepasa tanto a su relevancia pública y su peso en las urnas? A juzgar por la cobertura de prensa post primarias, uno pensaría que Beatriz Sánchez tuvo una votación inmensamente superior a Felipe Kast. Sin embargo, la diferencia entre ambos fueron 3.069 votos. Menos de un 1,4%. Es cierto que Sánchez ganó en su sector y que Kast salió tercero, pero uno esperaría algo de proporcionalidad.

Hay algo que hace que esta nueva izquierda tenga una cierta adherencia mediática. Me permito sugerir algunas razones. Primero, la novedad en las caras y la juventud de sus líderes. Novedad en las caras, no en las ideas, porque si hay algo que sorprende de esta nueva izquierda es que sus ideas son las mismas que planteaban sus abuelos. Un Estado empresario, la nacionalización de los recursos naturales, la gratuidad, el fin del lucro, el monopolio de lo estatal, etc. Todas ideas añejas y probadamente erradas, que convierten a sus jóvenes intérpretes en verdaderos “viejos”.

Lo segundo es el miedo de los “incumbentes”. Tanto dentro de la izquierda, como al otro lado de la vereda, los políticos titulares tienen la tentación de “robarles” las banderas por el miedo al reemplazo. Reemplazo que puede venir por el efecto etario, como por la ausencia de ideas que contrarresten las de los “jóvenes viejos”. Craso error, como ha podido comprobar el actual gobierno.

Finalmente, un último factor es una cierta afinidad de los medios, que bien puede ser atribuida a una afinidad ideológica o a un tema de pauta periodística, que es consecuencia de las razones anteriores. Algo de esto pudimos ver en los debates y entrevistas.

Lo concreto es que más allá de la notoriedad mediática, el veredicto de la ciudanía ha sido claro. Las prioridades del país no son las del Frente Amplio. Las prioridades de los chilenos son el empleo, la seguridad, mejores pensiones, la calidad de la salud, de la educación y de los servicios públicos, etc. No lo son una asamblea constituyente, el tren transpatagónico, ni volver a un sistema de reparto. Esperemos que políticos de uno y otro lado tomen nota. Si no lo hacen, están claras las consecuencias.

Lo más leído

DF Videos