Enrique Manzur

Enfrentando la crisis: Estado, confianza y liderazgo

Enrique Manzur Mobarec Ph.D Vicedecano Facultad de Economía y Negocios Universidad de Chile

Por: Enrique Manzur | Publicado: Miércoles 1 de julio de 2020 a las 04:00 hrs.
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Esta pandemia nos ha permitido, o quizás obligado, a replantear nuestras prioridades tanto en lo personal como a nivel país. La magnitud de la crisis nos ha sacudido tan violentamente que nos ha hecho reflexionar respecto a lo que es realmente importante en nuestras vidas y aquello que resulta secundario o accesorio. Constatamos, con algo de sorpresa, que muchas cosas que antes del Covid deseábamos o nos quitaban el sueño, hoy aparecen como poco relevantes e incluso abiertamente superfluas.

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Considerando que esta no será la última crisis que enfrentemos tenemos la obligación de aprender de ella y avanzar en los cambios que hoy se tornan críticos. En un reciente artículo, Francis Fukuyama identifica tres factores que diferencian la capacidad de respuesta de los países y serían claves para sortear exitosamente esta y futuras crisis: la capacidad del Estado, los niveles de confianza existentes en la sociedad y la calidad de los liderazgos. En el caso de Chile, expresándolo en términos propositivos, el espacio de mejora en los tres factores señalados resulta tan evidente como urgente y explica en buena medida las dificultades que han existido para manejar la pandemia.

Si bien nuestro Estado tiene la ventaja de contar con recursos y acceso a endeudamiento, gracias a años de responsabilidad fiscal, también tiene importantes deficiencias en su diseño y funcionamiento. La reforma al Estado no puede seguir postergándose: necesitamos construir un Estado más moderno y ágil que asegure un uso adecuado y eficiente de los recursos, con funcionarias y funcionarios altamente competentes y comprometidos con el país, que puedan aprovechar al máximo las nuevas tecnologías. En esta línea, las propuestas de aumento en la carga tributaria deben ir de la mano con la modernización y desburocratización del Estado, si no el esfuerzo de un mayor gasto público será en vano.

El problema de la confianza en nuestro país es aún más crítico y complejo, y se manifiesta en distintas dimensiones. Por una parte, la confianza de los ciudadanos en sus autoridades es bajísima, incluyendo los partidos políticos y las principales Instituciones; ellos hoy tienen el desafío, a través de sus conductas, de recuperarla. Asimismo, entre las personas también reina la desconfianza, de hecho ante la pregunta “¿se puede confiar en la mayoría de la gente?”, sólo un 13% responde afirmativamente (Mori, 2019). Ello se traduce en una sociedad que favorece conductas individualistas en contraposición a respuestas más colectivas, como lamentablemente lo constatamos diariamente, y que se caracteriza por una escasísima cohesión social: de acuerdo al Informe IMD 2020, Chile ocupa el lugar 62 en este ítem, entre 63 naciones.

Por último, la calidad y eficacia de los liderazgos también enfrenta grandes desafíos, observándose cierto grado de desconexión o falta de empatía entre parte de las elites y la realidad de la mayoría de los ciudadanos. Como lo graficó Bloomberg: “Chile siguió el ejemplo de los países ricos para darse cuenta de que muchos de sus ciudadanos son pobres”. Lo anterior se explica tanto por los altos grados de desigualdad en el país como también por el excesivo nivel de segregación en que se desenvuelven los distintos grupos de la sociedad. Tenemos el deber de hacer esfuerzos reales por lograr una mayor integración e inclusión en múltiples áreas, en especial en salud y educación.

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