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Incentivos correctos ante la escasez hídrica

María José Zegers Directora Energía y Recursos Naturales RCZ

Por: María José Zegers | Publicado: Jueves 7 de noviembre de 2019 a las 04:00 hrs.
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María José Zegers

129 comunas con decretos de escasez vigentes a octubre de este año y los principales ríos del país con caudales por debajo de sus promedios son algunos de los preocupantes datos que posicionan a Chile a un lugar de entrar en la categoría de estrés hídrico extremadamente alto, según el ranking global elaborado por el Instituto de Recursos Mundiales (WRI).

Existe relativo consenso en que la gravedad de la situación requiere implementar no una única medida, sino un conjunto de ellas. Distintas voces han clamado por una necesaria reforma institucional (la creación de una Subsecretaría o Agencia del Agua) y por la construcción de más embalses, más plantas desalinizadoras y hasta de una carretera hídrica que transporte el agua desde el sur hacia el norte del país. Si bien este tipo de fórmulas son un aporte para reducir el problema, la mayoría no se hace cargo del origen de la escasez del agua, que es -valga la redundancia- que se trata de un recurso escaso y como tal, en su uso debemos aplicar los principios de reducción, reutilización y reciclaje.

Por eso extraña la poca presencia en el debate de la necesidad de instalar más sistemas de reutilización de aguas grises -las aguas residuales de baños, duchas, lavaderos y lavamanos-, siendo que desde febrero del año pasado existe una ley que regula su recolección, tratamiento y reúso para otro tipo de fines como riego de jardines y áreas verdes públicas, descarga de aparatos sanitarios y uso en procesos industriales no alimenticios.

Estas instalaciones tienen un alto impacto, pues pueden operar tanto a nivel industrial como doméstico. Basta considerar que reutilizar las aguas grises permite un ahorro de unos 50 litros por persona al día para dimensionar sus beneficios. Soluciona también un problema social para escuelas o instituciones ubicadas en zonas desérticas y sin acceso a la red pública de agua potable. Los costos de su construcción y operación se compensan con rebajas en la cuenta del agua producto del menor uso de agua potable y de red de alcantarillado. Pero sobre todo, envía el incentivo correcto de que ya no es posible seguir disponiendo del agua como si fuera un bien infinito, sino que urge disminuir su consumo y utilizarlo óptimamente.

Una oportunidad para fomentar su implementación es dictar finalmente el reglamento de la ley que duerme en el Ministerio de Salud. Sin perjuicio de ello, para que estos sistemas se masifiquen y cambie la manera de usar el agua, es importante no sobre regularlos, tener en cuenta sus diferencias dependiendo si se ubican en zonas urbanas o rurales, así como el tamaño de los caudales a tratar y el uso que se les dará a dichas aguas. Lo fundamental es variar el enfoque de la normativa actual —concentrado en establecer requisitos de construcción, operación y monitoreo en aras a prevenir un eventual riesgo sanitario—, hacia una mirada que fomente la implementación de una herramienta que es de uso y beneficio masivo, genera un ahorro económico a mediano plazo y, sobre todo, es eficaz para enfrentar la escasez hídrica.

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