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Industria financiera, una relación de confianza

María Alicia Montes Directora CFA Society Chile

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En la industria financiera, la confianza lo es todo. En ella no se transan bienes físicos ni servicios inmediatos, sino que lo que se negocia es una promesa. Una parte entrega su dinero en forma inmediata a cambio de un compromiso de administración responsable o bien su devolución con los intereses correspondientes.

Esto es particularmente importante en el resguardo del ahorro de las personas, ya que son recursos acumulados como resultado del trabajo, donde parte del producto de su esfuerzo se conserva para disponer de él en el futuro. Y para cuidarlo en el intertanto, muchos y muchas lo entregan a un tercero, con la expectativa de que, en primer lugar, se lo conserven y, en lo posible, multipliquen.

Hoy en Chile hay más de 13 millones de cuentas de ahorro en bancos, 10 millones de afiliados a las AFP, 2,5 millones de partícipes de fondos mutuos, 1,8 millones de cuentas en APV, además de miles de personas que reciben recomendaciones de corredoras o asesores de inversión. Es responsabilidad de cada una de las personas que trabajamos en la industria financiera estar a la altura de la confianza que los clientes han depositado en nosotros y trabajar diariamente para renovarla.

Como dice nuestro Código Civil, quienes administran negocios ajenos deben poner en su trabajo la diligencia que corresponda a un “buen padre de familia”. Es decir, deben aplicar un cuidado especial a la gestión de estos recursos, aunque no estén obligados a lograr lo imposible. Por ejemplo, al hacer recomendaciones de inversión, no basta con hacerlo en forma genérica a todos los clientes o bien traspasarles información compleja para que cada uno tome decisiones para las cuales pueden no estar preparados. Sino que se debe analizar y ver su perfil en particular y entender sus necesidades específicas, a fin de ver si le es adecuado el producto recomendado.

Lo anterior, aunque suena simple, en la práctica muchas veces se torna difícil. Ello implica que quienes trabajamos en esta industria nos comprometamos con los más altos estándares éticos, adoptemos prácticas comerciales para alinear nuestros incentivos con los de los clientes, y evaluemos y comprendamos sus necesidades y objetivos. Por mucho que haya enormes instituciones involucradas, al final, este es un negocio entre personas, por lo que para mantener la confianza y respeto de los clientes no sólo se debe considerar la regulación normativa, sino también el comportamiento de quienes nos desempeñamos en este sector.

Esto no garantiza el éxito de una inversión. Pero sí ayuda a conservar y fortalecer la confianza de los inversionistas, lo que genera relaciones de largo plazo que entreguen sustentabilidad a la industria financiera.

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