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Jorge Navarrete

Afírmese, que vamos a galopar

Jorge Navarrete Abogado

Por: Jorge Navarrete | Publicado: Lunes 22 de noviembre de 2021 a las 04:00 hrs.
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Hace casi un mes escribí mi columna anterior para este medio, afirmando que Gabriel Boric y José Antonio Kast recibieron los protagonistas de la segunda vuelta. Decía ahí también que la polarización conspiraba contra las alternativas intermedias o moderadas, afectando de manera predominante a las opciones de Sichel y Provoste. Y los resultados de este domingo sólo confirman dicho diagnóstico y escenario.

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Boric y Kast fueron y son una opción por el cambio. Mientras el primero lo es por acelerar y profundizar los eventos que se sucedieron con motivo del 18 de octubre, el segundo es también un vuelco hacia la restauración. Ambos representan la acción y la reacción, la pulsión y la repulsión; o, por seguir utilizando binomios, escenifican la reforma y la contra reforma.

Puestas así las cosas, el protagonista de esta elección, y muy especialmente en la segunda vuelta, será el temor. Se enfrentan dos miradas y diagnósticos antagónicos, cuya adhesión electoral estará menos anclada en la genuina representación de sus discursos e ideas, sino más en las aprensiones y ansiedades que genera la posibilidad del triunfo de alguno de ellos.

Muchos compatriotas, quizás demasiados, no votarán "por un candidato", sino "contra el otro".

Entonces, enfrentaremos una elección sumamente polarizada, la que se resolverá por un margen estrecho, y que estará rodeada de gran emocionalidad y subjetividades. Y aunque ambos candidatos intentarán moderar sus posiciones y mostrar como alternativas menos radicales, el daño ya está probablemente hecho.

Digo daño, porque cualquiera que resulte electo Presidente de la República enfrentará un gobierno extremadamente complejo. Ninguno tendrá mayoría en el Congreso; ambos enfrentarán un escenario económico y social muy difícil; los dos deberán lidiar con la tensión de una Convención Constitucional, que incluso pudiera modificar o limitar su mandato; y, como si fuera poco, también enfrentarán una dura oposición, quizás la más radical de todas, liderada por quien haya perdido esta elección.

¿En qué pie quedan las tradicionales coaliciones y partidos que protagonizaron los últimos 30 años de la política chilena? ¿Qué será del esfuerzo de renovación en la centroderecha y del intento de reposicionamiento de la centroizquierda? La radicalización pulverizó todos los esfuerzos por contar con una elite política más moderada y razonable.

En efecto, en estas horas muchos de esos partidos políticos ya han dado su apoyo a los respectivos candidatos del balotaje. Y aunque algunos se demoren más y pongan públicas condiciones para su adhesión -aunque sólo sea para aparentar algo de dignidad- lo cierto es que será difícil resistir la fuerza de los polos. Si quizás sólo Parisi pueda tranquilamente intentar mantenerse al margen, cuestión que, en todo caso, nada dice del futuro comportamiento de sus votantes, lo que podría ser la clave del resultado de esta elección en segunda vuelta.

Otro dato interesante es que, desde 1990, todo candidato o candidata que ha ganado la primera vuelta electoral es finalmente elegido por los ciudadanos en el cargo de Presidente de la República. Y aunque nada de aquello está escrito en piedra, sí tiene un efecto simbólico; y eso, sumado al efecto Parisi, podría alterar la predicción que muchos hacíamos del resultado final de este proceso.

En efecto, en esa columna anterior hace un mes, me aventuré a pronosticar que Boric sería el próximo Presidente de Chile. Pero después de estos resultados en primera vuelta, es Kast quien tiene ahora la primera opción de llegar a La Moneda.

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