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Lucy Kellaway

Por qué Warren Buffett puede salirse con la suya en cuestiones de sexismo

Por: Lucy Kellaway | Publicado: Lunes 13 de marzo de 2017 a las 04:00 hrs.
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Cuando Warren Buffett fue entrevistado por la cadena de televisión CNBC hace un par de semanas sobre el rechazo de Unilever a la oferta presentada por Kraft, el multimillonario inversionista decidió contar un cuento cómico. O al menos, contó un cuento que él pensaba que era cómico. Buffett miró a la joven que lo estaba entrevistando y le preguntó si conocía cuál es la diferencia entre un diplomático y una dama. No, respondió Betty Quick.

Con ojos risueños y divertidos, Buffett prosiguió entonces a explicar que cuando un diplomático dice quizás, en realidad quiere decir no. “Pero cuando una dama dice no, en verdad quiere decir quizás. Y si dice quizás, lo que en realidad quiere decir es sí. Y si ella dice sí” —los ojos de Buffett se esfumaron dentro de su cara sonriente— “¡entonces no es ninguna dama!”

El encuadre de la cámara se amplió abarcando la cara de la entrevistadora, quien lo estaba mirando horrorizada, con la boca congelada en una mueca. El chiste no tenía gracia. Aún en el universo de los chistes sexistas sin gracia, éste era particularmente vulgar.

Pero Buffett se salió con la suya. La mayoría de los periódicos (incluso el Financial Times) no se vieron obligados a mencionar esta desconsiderada broma. La revista Fortune sólo hizo una referencia a la “extraña analogía” que el gurú de los negocios había usado para explicar la reacción de Unilever a la oferta. En Twitter —que es el criadero global de la indignación moral facilista— a pocos les preocupó que el hombre que dirige una de las empresas más grandes y respetadas del mundo había contado un chiste que podría ser interpretado como un comentario que le restaba importancia a la violación. Un par de personas escribieron en la red social que Warren Buffett era un cerdo chauvinista, pero hasta ahí llegó la cosa.

Hace cinco años, Sebastián Piñera, que entonces todavía ocupaba el cargo de presidente de Chile, contó precisamente el mismo chiste sin gracia, sólo que entonces se formó un gran escándalo. La anécdota fue difundida incluso por la BBC. Los políticos hicieron fila para denunciarlo, tildando al chiste de “sexista y prehistórico.” Uno de ellos incluso llegó a decir que Piñera había deshonrado a toda la nación y hecho retroceder la causa de las mujeres en un par de décadas.

Transgresiones menores han metido a personas en líos aún mayores. Cuando Sir Tim Hunt, el científico ganador del Premio Nobel, dijo que el problema con tener chicas en el laboratorio era que te podías enamorar de ellas y que ellas lloraban cuando se les criticaba, fue obligado a renunciar. También le sucedió algo parecido a Kevin Roberts de Saatchi & Saatchi cuando dijo que ya no había ningún problema de diversidad de sexo en la industria de la publicidad. ¿Entonces, por qué se le permitió a Buffett salirse con la suya?

Podría ser que el estándar de mal gusto aceptable en Estados Unidos se ha vuelto mucho más alto en el último tiempo. Comparado con lo que otros viejos prominentes han estado diciendo recientemente, el chiste de Buffett parece inofensivo. En contraste con la declaración de Donald Trump de que “si Ivanka no fuera mi hija, quizás yo saldría con ella”, no parece nada tan horripilante.

O podría ser que perdonamos al Sabio de Omaha porque ya tiene 86 años. Se crió en una época diferente cuando todavía no se había inventado el sexismo. Sin duda el joven Buffett y sus amigos contaban chistes inocentes sobre como el “no” de una “dama” quería decir quizás, sin que nadie lo considerara como un insulto.

Pero esta justificación no es aceptable. La edad sólo es una defensa para viejitos con capacidad mental limitada. Cuando tu tío, desde la comodidad de su silla de baño, dice algo sexista o racista es perfectamente razonable dejarlo pasar, basado en que él ya no está al día, y que se gana muy poco al corregirle y con frecuencia es mucho más lo que se pierde al alterarlo.

Pero ése no es el caso cuando estamos hablando de Buffett. Él es una prominente figura pública, cuyo lenguaje sencillo y claro a menudo es considerado como un ejemplo a seguir. Controla una irrazonable cantidad de dinero; su fondo de inversiones Berkshire Hathaway vale alrededor de US$ 450 mil millones. Que él no esté al día sí que importa muchísimo. Debería ponerse al día, o debería jubilarse.

Pero sospecho que la verdadera razón por la que perdonamos a Buffett es la más inexcusable de todas. Se debe simplemente a que él es Warren Buffett. No puedo pensar en ningún otro líder de negocios que haya sido tan adorado por tanto tiempo, nunca, en ningún lugar, con la posible excepción de Joseph Rowntree y George Cadbury, los cuales siguieron siendo adorados hasta más allá de sus ochenta años.

La gente piensa que necesitamos a Buffett, ahora más que nunca. Hemos invertido tanto en su querida y doméstica figura pública, y veneramos tanto su juicio que cuando empieza a contar chistes sexistas y espantosos, sólo podemos hacer una cosa. Fingir que no lo hemos escuchado.

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