Padre Hugo Tagle

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Padre Hugo Tagle En twitter: @hugotagle

Por: Padre Hugo Tagle | Publicado: Lunes 11 de mayo de 2020 a las 04:00 hrs.
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Quizá hablar de las “bondades que traerá el coronavirus” es mucho. Hoy estamos enfrascados en su lado amargo y doloroso: incertidumbres, muertes y crisis económica. Pero sí podemos hablar de sacar lecciones de esta pandemia para transformarla en fuente de cambio y construcción de una mejor sociedad. Viene a cuenta la cita de Nietzsche: “Lo que no nos mata, nos hace más fuertes”.

No se preocupe: nos volveremos a abrazar y dar la mano. Eso sí, las medidas de higiene ya nos acompañarán por siempre. Es más, pasarán a ser parte de la “nueva normalidad” a la que tenemos que acostumbrarnos. En un futuro cercano, seguro habrá sistemas automáticos de desinfección en edificios, colegios, ciudades enteras.

Reevaluaremos seriamente la relación con el medio ambiente, la naturaleza. Se debería reimpulsar la agenda climática y revisar críticamente el uso del agua, fuentes de energías limpias y renovables, polución, desarrollo de barrios. El aire más limpio en las ciudades en estas semanas es una elocuente invitación a ello.

Hemos pasado más tiempo con la familia. En algunos casos no fue fácil. Aumentaron las tensiones, espacios estrechos, dificultades de organización. El espacio familiar volverá a ser clave. Habrá que “reanimarlo y reinventarlo”. Tuvimos una escuela forzosa en estas semanas. Es nuestro mayor tesoro, y es un desafío social cuidar su desarrollo sano y seguro.

Tomamos conciencia de la fragilidad de los “segmentos de riesgo”: enfermos y ancianos. La tercera edad no es “incombustible” ni son “todo terreno”. No basta con algunas medidas paliativas, sino que hay que posibilitar una mejor calidad de vida. Las leyes de eutanasia que buscan acabar artificialmente con la vida deberían ser fuertemente cuestionadas.

La mayoría de las naciones saldrá empobrecida de esta tragedia. Por lo mismo, se debe redoblar la preocupación por los más pobres, quienes sufrirán más los embates de la pandemia y les costará más levantar cabeza. Si se quedan atrás, perdemos todos.

La vida de barrio, comuna, adquirirá otro cariz. Los vecinos importan. En las ciudades muchos vecinos nunca habían hablado entre sí, más que en un brevísimo saludo al salir o tomar el ascensor. Hoy son parte de nuestra vida. Nos necesitamos.

Si hemos aprovechado bien el confinamiento, éste debería llevarnos a una mayor vida interior, a un espíritu más religioso, introspectivo, reflexivo. Buscar encontrar a Dios en el alma y en el entorno inmediato. Cuando experimentamos las limitaciones obvias de la ciencia, nuestra vulnerabilidad, queda Dios; a dejarse llevar y acompañar por Él.

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