Padre Hugo Tagle

La cáscara de manzana

P. Hugo Tagle Twitter @HugoTagle

Por: Padre Hugo Tagle | Publicado: Martes 30 de junio de 2020 a las 04:00 hrs.
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La vida es corta y frágil. Y llena de incertidumbres. Muletillas repetidas en el combate de un esquivo y misterioso virus.

Casi como en un costalazo, aprendimos que la fragilidad es parte de la vida; que por muchas precauciones que tomemos, no tenemos asegurado el futuro. Que en cuestión de días, se pueden caer o tambalear peligrosamente, imperios industriales que se veían viento en popa.

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¿Sabía usted que, si la tierra fuese del tamaño de una manzana, la corteza terrestre, sería tan delgada como su cascara? El resto es una masa viscosa, maleable y licuosa sobre la que nos movemos, construimos carreteras, catedrales y torres, con la inocente candidez de que soportarán cualquier adversidad. Y es lo justo. No podríamos vivir sin esa primigenia confianza que permite mirar el futuro con seguridad y sabiendo a su vez que cada día puede ser el último. Se nos recordó de un paraguazo que cada día es un regalo, que la existencia es un don gratuito e inmerecido, y que solo tenemos esta corta vida para hacer el bien y hacerlo hoy.

El Papa Francisco dijo hace unos días: “Dios nos creó para la comunión, para la fraternidad, y ahora, más que nunca, se ha demostrado ilusoria la pretensión de centrar todo en nosotros mismos, de poner el individualismo en la base de la sociedad. ¡Pero cuidado! Pasada la emergencia, será fácil recaer en esta ilusión”. En efecto, de esto no salimos solos. Dependemos uno del otro y, terminada la peste, no podemos volver a ser los mismos.

La fe ayuda. Ella se sitúa en ese claroscuro entre la duda y la entrega confiada, riesgo y seguridad al mismo tiempo. Al final no hay una pared, la nada, sino la existencia en plenitud y Alguien que acompaña ya aquí y ahora. Eso alienta, fortalece y regala paz. Hay un Creador que todo lo conduce para bien ¿Ilusión? Es el riesgo de la fe, buen lector. En ella se mueve y vive el creyente. Quien descansa en un Dios providente, mira más allá de las fronteras posibles y contempla la existencia en un sentido de eternidad.

La Iglesia, junto con una encomiable labor humanitaria y solidaria en este duro tiempo -lo invito a revisar la infinidad de formas de ayuda en las webs eclesiales del mundo entero- nos invita a dirigir el corazón a Dios. Hágalo. “La oración nos da nobleza. Asegura la relación con Dios, que es el verdadero compañero de viaje del hombre, en medio de las mil dificultades de la vida”, nos dice el Papa Francisco.

Celebramos San Pedro y San Pablo. Solo contaban con una fe dócil en quien todo lo conduce. Clave para sortear todas las adversidades.

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