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Pilita Clark

Cambio climático está impulsando activismo de la clase media

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Por: Pilita Clark | Publicado: Lunes 31 de diciembre de 2018 a las 04:00 hrs.
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En los últimos días, dos amigas mías en lados opuestos del mundo han hecho algo sorprendente. Una en Sidney dejó que sus hijos no asistieran a la escuela por un día para que pudieran participar en una protesta. Otra en Londres dijo que estaba pensando en la posibilidad de ser arrestada. No se conocen, pero ambas fueron impulsadas por lo mismo: su creciente impaciencia con la falta de acción con respecto a la implementación de medidas para frenar el cambio climático.

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Estas mujeres, como yo, son respetuosas de la ley. Normalmente lo que más se acerca a una marcha en sus vidas es cuando tienen que correr para llegar a tiempo a una clase de pilates. Ninguna de las dos ha participado en una reunión parecida a las conversaciones sobre el clima de la ONU en Polonia, que tenían el objetivo de mantener vivo el acuerdo de París 2015. Ambas forman parte de un estallido de activismo climático de la clase media que tiene pocos precedentes recientes, ningún líder famoso y muchas implicancias interesantes para los empleadores.

Los hijos de mi amiga de Sidney formaron parte de los miles de estudiantes en Australia que se declararon en huelga porque, como escribieron dos de los estudiantes, "¿Cuál es el punto de aprender sobre los hechos en la escuela si las personas en el poder los ignoran?". Esto presentó un dilema para las escuelas de todo el país. ¿Deberían castigar, ignorar o excusar a los alumnos absentistas en huelga? Ante la ausencia de precedentes, algunos departamentos de educación amenazaron con tomar medidas disciplinarias, mientras que otros elogiaron a los jóvenes "ciudadanos globales".

Esta situación es sólo una muestra de la confusión que los empleadores británicos podrían enfrentar si mi amiga de Londres es un ejemplo de lo que podría suceder. A ella le atrajo un grupo llamado Rebelión contra la Extinción, un movimiento de protesta climático no violento inspirado por Gandhi que surgió de la nada y recluta específicamente a personas que desean ser arrestadas y encarceladas. Miles de sus partidarios han invadido las calles de Londres en las últimas siete semanas para bloquear puentes, detener el tráfico, pegarse a edificios gubernamentales y ocupar la sede de Greenpeace, donde le urgieron cortésmente a la organización que "intensificara sus actividades".

Los organizadores dicen que 150 personas han sido arrestadas hasta el momento y afirman que esto es sólo el comienzo. Veremos. Es difícil imaginar a centenares de personas, especialmente las empleadas a tiempo completo, dispuestas a ser arrestadas. Los antecedentes penales pueden complicar las cosas, como obtener una visa, encontrar un nuevo trabajo y mantener un viejo. Muchos códigos de conducta de diversas compañías prohíben el comportamiento criminal o cualquier acción que desacredite a una empresa. Sin embargo, un análisis de los donantes del sitio de financiamiento colectivo de Rebelión contra la Extinción, que recaudó más de 1.000 libras por día en algunos puntos, es revelador.

Una donación de 200 libras provino de Yan Swiderski, un gestor de fondos que estuvo entre los manifestantes que bloquearon una concurrida calle de Londres cerca de su hogar en Pimlico hace unos días. "Es la primera vez que he hecho algo así", me dijo, y agregó que sentía que el nuevo movimiento había "capturado el espíritu de la época" para las personas hartas de tantos años de inactividad.

Alastair Sawday, el fundador de 73 años del imperio británico de libros de viajes que lleva su nombre, fue otro donante. Dijo que estaba listo para ser arrestado, después de demasiados años de acciones ambientales "razonables", y que pensaba que muchas empresas deberían permitir que sus trabajadores hicieran lo mismo. Es posible que se convierta en un actor en un drama de corta duración, que se está produciendo mientras las protestas de los chalecos amarillos de Francia están resaltando los riesgos de políticas climáticas mal diseñadas que afectan injustamente a los votantes más pobres. Sin embargo, la causa subyacente de su disidencia sigue siendo la brecha entre lo que los votantes han pedido que se haga con respecto al cambio climático y lo que realmente ha sucedido.

En Australia, el apoyo popular para una acción climática urgente e incluso costosa se encuentra en su punto más alto en una década. Sin embargo, el país está liderado por un primer ministro que el año pasado trajo un trozo de carbón al Parlamento para subrayar su fe en el combustible fósil que calienta el planeta. En el Reino Unido, el carbón se está eliminando gradualmente, pero la mayoría de la gente quiere aún más paneles solares y automóviles eléctricos. El gobierno ha recortado su apoyo a ambos.

Este año, los países de todo el mundo han sido golpeados por temperaturas récord, mientras los científicos emiten advertencias cada vez más contundentes de que el tiempo se acaba para cumplir con los objetivos del acuerdo de París. Los manifestantes de hoy tal vez desaparezcan, pero es fácil imaginar que otros pronto los reemplazarán.

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