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Mi bandeja de entrada rechaza la autopromoción

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Por: Pilita Clark | Publicado: Lunes 26 de noviembre de 2018 a las 04:00 hrs.
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Hace poco recibí un correo electrónico de un amigo que decía que quería contarme sobre “una tendencia bastante alarmante”. Había adjuntado dos mensajes automáticos de “fuera de la oficina” de un par de colegas de su compañía que acababan de aparecer en su bandeja de entrada.

Para evitar meterlo en problemas, no voy a repetir el contenido de los mensajes, pero la esencia de cada uno era lo siguiente: gracias por tu mensaje, estoy fuera de la oficina, pero mientras tengo tu atención, ¿por qué no le echas un vistazo a esto?

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Cada uno había insertado un enlace en línea a algo que habían hecho recientemente en el trabajo y que, en su opinión, era bastante inteligente.

Mi amigo estaba atónito. Nunca había visto una autopromoción tan desvergonzada en su oficina. No podía entender por qué alguien se expondría al ridículo que estos mensajes seguramente provocarían.

Yo también estaba desconcertada. Una cosa es que los millennials presuman sobre sí mismos en Instagram y YouTube. En realidad no han experimentado la adultez sin estos medios de autopromoción. Han sido aplastados por la crisis financiera y están luchando por competir en un mercado laboral global. Tiene sentido para ellos hablar hasta la saciedad sobre sus logros. ¿Pero han normalizado esta práctica para el resto de nosotros? ¿Incluso para los profesionales de mediana edad que apenas conocen la diferencia entre un hashtag y un tuit?

Aunque es preocupante, parece que así es. Poco después de recibir el correo electrónico de mi amigo, el Harvard Business Review envió un “consejo de gestión del día” aconsejándome que hiciera exactamente lo que habían hecho los colegas de mi amigo. Decía que si mejoraba mis mensajes de “fuera de la oficina” con enlaces a cosas como mis artículos o investigaciones, podría “conectarme de una nueva manera con colegas, clientes y proveedores”.

Cuando les pregunté a algunas personas en mi oficina si ellos, como yo, pensaban que esto sonaba extraño, obtuve una serie de miradas en blanco. “Suena como una buena idea”, dijo uno. “Tal vez lo intente”.

Dos señalaron que tenían un enlace a sus artículos recientes debajo de sus firmas de correo electrónico regulares. Uno estaba haciendo lo mismo para un próximo libro.

Otro me fulminó con la mirada y me dijo: “¿No tuiteas tus propios artículos?” Yo balbuceé que sí, aunque me había costado mucho superar la vergüenza inicial y todavía prefería reenviar los mensajes de Twitter de otros en lugar de hacerlo yo misma.

Finalmente, encontré a un eminente colega que nunca se había promocionado a sabiendas en Twitter o por correo electrónico y no tenía intención de hacerlo. Pero al reflexionar sobre el tema, decidió que su postura podría ser una señal de arrogancia, indicando que él pensaba que era demasiado importante para promocionarse. Él tiene un punto. Sin embargo, todavía estoy del lado de los modestos. Por un lado, la falta de modestia puede ser autodestructiva. Consideremos a Stefanie Sword-Williams, la fundadora de fuckbeinghumble.com, una compañía de mentores del Reino Unido con una misión de “animarte a ser la mejor marca posible”. Ella cree que la autopromoción es el camino al éxito y que la gente debería hacerlo más, especialmente las mujeres jóvenes.

Como le dijo a un reportero desconcertado de The Times este año, eso significa estar listo para escaparte inmediatamente de cualquier compañía que no te valore, y sentarte al lado de los entrevistadores de trabajo, no frente a ellos, porque “tú deberías estarlos entrevistando” para ver si son lo que buscas en un jefe. Como dicen en el mundo real, buena suerte con eso.

Lo más preocupante es que Sword-Williams afirmó que había aprendido esta tontería en la universidad, donde estudió comunicación y promoción de la moda. No puedo imaginar que ésta fuera la intención de la universidad, pero si lo es, sería alarmante. En mi experiencia, a la gente no le gusta trabajar con -y especialmente para- fanfarrones tediosos. Estudio tras estudio sugiere que los trabajadores liderados por personas más humildes se desempeñan mejor.

Hace unos días fui a un almuerzo para escuchar el relato de un director de una compañía famosa y exitosa sobre su negocio. Era un presentador inteligente y ameno. Había trabajado en la empresa durante años y había triunfado sobre una serie de rivales para alcanzar el puesto. Cuando nos estábamos preparando para partir, contó una historia que nos dejó en silencio. Dijo que él había sido un “error de contratación”. Su compañía nunca había empleado a nadie de su universidad y él casi no fue contratado. Fue una muestra inusual de humildad y parecía ser completamente genuina. Entendí de inmediato por qué había tenido tanto éxito.

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