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Rafael Rodríguez

¡Chile se está vendiendo al extranjero!

Presidente Seminarium Penrhyn International

Por: Rafael Rodríguez | Publicado: Jueves 21 de julio de 2016 a las 04:00 hrs.
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Rafael Rodríguez

Desde hace dos años se produjo una aceleración de un proceso que ha caracterizado a nuestro país en las dos décadas precedentes: exitosas empresas chilenas se siguen vendiendo al capital extranjero, fundamentalmente a inversionistas estratégicos, mientras que las inversiones de chilenos al extranjero se redujeron en 85% el año 2015 y este va por los mismos pasos.

Desde la década de 1990 y hasta el año 2014 diversos empresarios chilenos exportaron capital para comprar en el extranjero empresas o desarrollarlas desde cero como una forma de aprovechar ventajas operativas, de conocimiento de industrias incipientes, de mejores prácticas y de menor costo de capital relativo a los existentes en los países destinatarios de dicha inversión. Este fenómeno alcanzó su peak en el año 2013 con sobre US$18.000 millones en inversión directa en el exterior, menor, pero no tan lejos, del monto de inversión que extranjeros hacían en Chile que marcó un record de

US$ 28.500 millones en el año 2012. Sin embargo, desde el 2014 el proceso ha sido virtualmente unilateral, venta de empresas o participaciones accionarias en Chile y relativamente baja inversión directa de chilenos en el extranjero.

Al tomar un período más amplio como contexto, se observa que las inversiones chilenas directas en el extranjero entre los años 2003 y 2015 no alcanzan los US$ 70 mil millones mientras que las inversiones directas de empresas extranjeras en el mismo período superan US$ 270 mil millones, cerca de 4 veces. En el año 2014 la inversión en el extranjero bajó un 85% respecto del año anterior; entraron US$ 20 mil millones en inversión directa y salieron apenas US$ 2,8 mil millones -7 veces-, tendencia que habría continuado en los años siguientes. En 2015 y 2016 la salida en inversión directa no ha andado mucho mejor mientras las inversiones en Chile andan por sobre los US$ 20 mil millones por año.

El fenómeno ha sido muy significativo; baste ver industria por industria cuál es la participación del capital que está en propiedad extranjera. En el sector financiero, banca, seguros y AFP; en salud, cadenas de farmacias y laboratorios. Electricidad, agua y gas, salvo recientemente el licuado, son mayoritariamente extranjeras; retail supermercados tiene un nombre extranjero, pero es un jugador desequilibrante y SMU se venderá en algún futuro; las carreteras, entre otras varias industrias, también han vivido el mismo fenómeno. La industria minera, a pesar de Codelco, también se anota en esta lista… y así sucesivamente.

Variadas consecuencias se pueden extraer de este fenómeno, una de los cuales es que muchas decisiones respecto de los servicios a contratar en Chile no se toman acá. Esto afecta a empresas de servicios tales como auditores, de asesoría estratégica, de selección de ejecutivos, de empresas de software, de mantención de archivos, entre muchos otros servicios, que se definen en Nueva York, Texas o Frankfurt, con empresas globales que prestan dichos servicios en muchos de los países donde operan. Entonces se observa el efecto de “segunda derivada”, en el que después de la inversión inicial, empresas de servicios locales empiezan a ser compradas por terceros: Langton Clarke pasa a ser Arthur Andersen y después KPMG; la oficina de abogados Ortúzar pasa a ser Baker & Mc Kenzie; en el sector de servicios computacionales Tata compra Cromicom; Denarius se vende a Mercer, y así suma y sigue.

Las principales consecuencias de este proceso de venta de empresas chilenas serán analizadas en una posterior columna.

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