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Columnistas

14/07/2017

Teresa

Padre Raúl Hasbún

  • Por Padre Raúl Hasbún

    Padre Raúl Hasbún

    Su etimología es incierta. Puede ser “cazadora” o “cosechadora”. También algunos interpretan “Palabra de Dios”. Lo cierto es que abundan las Teresas merecedoras de todas esas traducciones y –hoy diríamos- aplicaciones.

    Partamos con Teresa de Ávila: Doctora de la Iglesia. Es decir, santa y sabia. Grandiosa reformadora del Carmelo, una Orden religiosa que ha perpetuado por siglos el valor de la imitación de Cristo crucificado, obediente, pobre y virginal. San Juan Pablo II fue su devoto estudioso y reprodujo esos rasgos carmelitanos en su vida de Pastor. El Escapulario del Carmen sigue siendo para muchos un símbolo y seguro de vida cristiana. No pocas casas ostentan e innumerables corazones y bocas recitan el axioma teresiano “Nada te turbe, nada te espante, todo se pasa, Dios no se muda, la paciencia todo lo alcanza. Quien a Dios tiene, nada le falta”. Nos enseñó su experiencia: “cada vez que agradecemos por lo que recibimos al orar, Dios, feliz, nos retribuye el doble”. Su misticismo no estaba reñido con un santo pragmatismo: agradecer siempre y pronto es una muy rentable inversión.

    Seguimos con Teresa de Lisieux, Teresita del Niño Jesús. También carmelita, también Doctora de la Iglesia. Adoraba a sus progenitores. Cuando su papá la llevaba a la catequesis y el sacerdote hablaba de Dios y de los santos, Teresita miraba a su papá. Él la reprendía: “Teresita, mira al sacerdote, está hablando de Dios!”. Y ella: “Papito, todo lo que el sacerdote está diciendo de Dios yo lo veo reflejado en tu rostro. Cuando te miro a ti, estoy viendo a Dios”. Siendo ya carmelita, al recibir la noticia de que su padre había muerto, escribió a su hermana Celina, también religiosa: “Nuestro buen papá ha muerto. ¿No será ésta la ocasión de rezar, en propiedad, ‘Padre nuestro que estás en el cielo’?”. Ambos progenitores de Teresita fueron canonizados. Eran los dichosos causantes de que su hija, al sentirse tan cobijada en el corazón de Dios Padre misericordioso, pudiera enseñar en la Iglesia “el caminito para llegar al cielo”: ser niños ante Dios.

    Tenemos, en Chile, nuestra propia Teresa: la de Jesús de los Andes. También carmelita. Beatificada y canonizada por San Juan Pablo II. Venerada como santa aun antes de su temprana muerte. Miles y miles peregrinan hasta su tumba, fascinados por su virginal belleza y juventud espiritual. Ella quiso llamarse “de Jesús”, para que Jesús pudiera llamarse “de Teresa”. Se ofreció a Dios como hostia pura y silenciosa, por los pecadores y en particular por los sacerdotes. Proclamada Patrona de la juventud latinoamericana, nos enseñó la esencia del Evangelio: orar – sufrir- amar- servir.

    Teresa de Calcuta; Teresa de Jesús Jornet…Teresas admirables e imitables, cazadoras de almas, cosechadoras de gracia, palabras vivientes del Dios que no cesa de llamarnos, como a ellas, a amar sin medida.

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