Editorial

La obligación de no repetir el pasado

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Bajo el doble impacto de una crisis sanitaria y económica que aún no tiene salida definitiva, es lógico que la incertidumbre sea un rasgo saliente en todos los análisis sobre el corto y mediano para nuestro país.

Pero desde el ámbito de la política, en lugar de señales que entreguen certezas, llegan otras que hacen todo lo contrario: desde la aguda crisis que atraviesan los partidos tradicionales que han dado gobernabilidad a Chile durante cuatro décadas y el aún líquido escenario de cara a las próximas elecciones; hasta la actitud poco constructiva (incluso autoritaria) de algunos miembros de la convención constituyente o la evidente apatía de los electores.

En ese entorno político, preocupa el resurgimiento de ideas, como el de un cierto clima político, que remiten al pasado y que en nada ayudan a enfrentar con éxito los problemas de Chile en 2021. Como expresó un reconocido analista económico entrevistado en nuestra edición del viernes, en una mirada que dista de ser sólo suya: “En el momento en que vamos a definir las reglas del juego de la sociedad para las próximas décadas, hay en Chile una proliferación de ideas de los 60 y 70 que en Latinoamérica generaron pobreza, retraso económico y deterioro dramático de los principales índices de bienestar social”.

Se refiere a nociones y discursos sobre las fuentes del crecimiento económico, la naturaleza de los mercados, la función de la empresa, la distribución de la riqueza y el rol del Estado, entre otras, que no son nuevas ni desconocidas, precisamente porque en lo esencial ya fueron puestas a prueba, con los resultados descritos. Que su defensa desconozca evidencia empírica sobre el progreso de Chile en 40 años es menos importante que señalar lo central: representan una experiencia que no se puede ignorar, ni repetir.

La histórica es la única ignorancia imperdonable en quienes aspiran a posiciones de liderazgo en nuestra vida pública. Si lo que hemos vivido nada nos enseña, entonces nos condenamos a cometer los mismos errores. Sin duda los chilenos deben exigir de sus políticos que, como mínimo, no los hagan tropezar con las mismas piedras.

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