Editorial

Un presupuesto responsable

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a presentación del proyecto de ley de presupuestos el jueves pasado dio cuenta de la disposición del Gobierno de enfrentar el desafío que significa la discusión de su último ejercicio presupuestario con la mayor responsabilidad.

Tomando en cuenta que la evolución del gasto fiscal durante 2021 ha respondido a una situación absolutamente anómala derivada de la pandemia, es evidente que el esfuerzo adicional transitorio que esto implicó debe ser corregido, para comenzar a enmendar el rumbo de una política fiscal que ya se salió de su cauce, y que está contribuyendo a generar presiones inflacionarias no deseadas, con un evidente impacto desestabilizador de la economía.

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La inyección de recursos presupuestarios adicionales por US $ 27 mil millones durante este año -cifra aproximada al 10% del PIB-, y que se va a traducir en un aumento en el gasto fiscal por encima del 30% en el período, no es sostenible. Si Chile pudo comprometer tal proporción de recursos fiscales -de las mayores a nivel mundial-, ello fue posible gracias a los ahorros soberanos acumulados previamente ya la posibilidad de recurrir a financiamiento externo en condiciones muy favorables.

Pero cuando los fondos de ahorro comienzan a terminarse y el endeudamiento aumenta a un ritmo que no da luces de converger hacia niveles sostenibles en el tiempo, lo responsable es quitar los estímulos transitorios una vez que la actividad económica comienza a normalizarse, como ya está ocurriendo.

Retirar recursos fiscales siempre implica un costo político, pero debe prevalecer la responsabilidad política por sobre los réditos de corto plazo. El presupuesto para el año 2022 recién presentado puede leerse como uno que recorta la ejecución presupuestaria del año en curso en 22,5%, pero esa es una mirada distorsionada, ya que incluye los gastos transitorios.

La comparación realista es la que toma como referencia el presupuesto 2021, que excluye los recursos transitorios, y lo que se observa en este sentido es un aumento de 3,7% en términos reales, con especial foco en la inversión, en la reactivación económica y en la generación de empleos. Buen primer paso para empezar a retomar los equilibrios macroeconómicos perdidos.

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