Click acá para ir directamente al contenido
Columnistas

Acceso libre a las montañas: no se puede amar lo que no se conoce ni cuidar lo que no se ama

CLAUDIO SEEBACH DECANOFACULTAD DE INGENIERÍA Y CIENCIASU. ADOLFO IBÁÑEZ

Por: Claudio Seebach

Publicado: Martes 23 de junio de 2026 a las 04:00 hrs.

Mi padre, el fotógrafo de paisaje Norberto Seebach, me llevaba a la cordillera desde niño. Fue una experiencia que marcó para siempre mi relación con la naturaleza. Aldous Huxley decía que su propio padre consideraba una caminata entre montañas como el equivalente de ir a la iglesia.

Chile es 80% de paisaje montañoso: los Andes se extiende por más de 4.000 km de norte a sur formando la columna vertebral de nuestro territorio. Y, sin embargo, probablemente menos del 3% de los chilenos vive en la montaña o accede a ella con regularidad. Como país, vivimos de espaldas a la cordillera que nos define.

En el caso de Santiago, sus 6 millones de habitantes enfrentan un acceso cada vez más restringido a la montaña: cierres de acceso a los cerros Manquehue o Pochoco; restricciones arbitrarias a Farellones, La Campana o el Cajón del Maipo; imposibilidad del público de acceder a lugares maravillosos como Laguna Negra, el volcán Maipo, el Cajón del río Molina, o el valle del río Cortaderal, por nombrar unos pocos, son sólo algunas de las dificultades existentes. A ello se suma una notoria y casi absoluta falta de infraestructura pública de senderos, señalética y refugios.

“Si no acercamos a nuestros niños y jóvenes a la montaña y la naturaleza, difícilmente formaremos una generación que la valore, la proteja y la desarrolle de manera sostenible”.

La paradoja es que nuestra montaña sí admite usos productivos como las veranadas, minería, generación y transmisión eléctrica o gasoductos, pero difícilmente admite al ciudadano que solo quiere caminar, fotografiar o escalar.

La experiencia europea muestra que la media y alta montaña pueden convivir con múltiples usos sin excluir el acceso público: los Alpes combina desde hace generaciones senderismo masivo con pastoreo, minería y embalses, algo que debiera ser posible si queremos desarrollar más minería en uno de los lugares de mayores reservas de cobre del mundo, pero conciliándola con el cuidado de glaciares, agua y más y mejor acceso a la montaña para todos.

En Escandinavia y Escocia existe el right to roam, el derecho a desplazarse por terrenos privados con fines recreativos, sin pedir permiso al dueño, agregando, en el caso de Escocia, un código de conducta para hacerlo de manera responsable. En EEUU existen los recreational use statutes que eximen de responsabilidad civil al propietario si decide dejar entrar gente gratis a sus terrenos. En Suiza, una ley federal obliga a los cantones a planificar y mantener una red de rutas protegida constitucionalmente, incluso cuando cruza predios privados. La responsabilidad por accidentes en esos senderos no recae en el dueño del terreno, sino en el municipio o cantón que administra la ruta.

Cuando vemos en Chile cada día más demanda por acceso a la montaña para caminatas, bicicleta o montañismo, es urgente abordar esta discusión. Ninguna política pública sustituye, sin embargo, lo esencial: no se puede amar lo que no se conoce, ni cuidar lo que no se ama. Si no acercamos a nuestros niños y jóvenes a la montaña y la naturaleza, difícilmente formaremos una generación que la valore, la proteja y la desarrolle de manera sostenible.

Las cordilleras de los Andes y de la costa son visibles desde casi cualquier ventana de Chile y debemos dejar de darles la espalda. El bienestar físico, mental y espiritual de las actuales y futuras generaciones y el cuidado de nuestra naturaleza nos invitan reconectar con ella.

Te recomendamos