Click acá para ir directamente al contenido
Axel Christensen

Tres lecciones de un año revuelto

AXEL CHRISTENSEN Director de Estrategia de Inversiones para América Latina de BlackRock

Por: Axel Christensen

Publicado: Martes 1 de septiembre de 2026 a las 04:03 hrs.

Axel Christensen

Axel Christensen

Cuando comenzó el año 2026, muchos inversionistas asumían que la inflación seguiría bajando, los bancos centrales recortarían tasas y los bonos volverían a actuar como activos de refugio. Ocho meses después, el mensaje es distinto: estamos en un régimen económico nuevo, en el que las reglas de inversión de las últimas dos décadas ya no pueden darse por sentadas. Para Chile, una economía abierta y expuesta al ciclo global de tasas, materias primas y flujos de capital, las lecciones son especialmente relevantes.

La primera es que las tasas de interés más altas podrían mantenerse por más tiempo de lo que los inversionistas esperaban hace algunos años. Aunque la inflación ha cedido, persisten presiones estructurales: gobiernos con mayores necesidades de financiamiento, restricciones de oferta y más demanda de capital para inversiones en defensa, energía, infraestructura y tecnología. Estos factores pueden limitar la capacidad de los bonos para compensar caídas en otros activos durante episodios de volatilidad o incertidumbre. En Chile, eso implica que los inversionistas deben mirar con más cuidado la exposición a la renta fija de mayores plazos, mientras que para los emisores significa estar más atentos al costo de financiamiento. Ambos además deben monitorear de cerca el impacto de tasas globales altas sobre el tipo de cambio.

La segunda lección viene de la inteligencia artificial (IA). El entusiasmo del mercado sobre esta profunda transformación tecnológica sigue ahí, pero la oportunidad claramente se volvió más selectiva a los ojos del mercado. Ya no basta con invertir en quienes desarrollan modelos de IA; importa entender quién captura el valor económico y dónde están los cuellos de botella: semiconductores, energía e infraestructura. Para Chile, esto puede reforzar la relevancia del cobre y el litio, pero también exige avanzar en redes, capital humano y regulación para aprovechar plenamente las oportunidades asociadas a la transformación tecnológica.

“Hoy compiten más actores por recursos escasos, aumentan las necesidades de inversión y se aceleran transformaciones estructurales”.

La tercera es que los mercados han mostrado resiliencia frente a shocks geopolíticos, pero eso no significa que el riesgo haya desaparecido. Tensiones comerciales, conflictos regionales y fragmentación global están cambiando cadenas de suministro y decisiones de inversión. Para Chile, esa fragmentación puede abrir oportunidades en minería, energía y alimentos, pero también traer más volatilidad cambiaria, mayores costos y una exigencia creciente de instituciones confiables. En un mundo más fragmentado, la capacidad de adaptación puede ser tan importante como la disponibilidad de recursos naturales.

La conclusión es clara: no basta esperar que el mundo vuelva al entorno de baja inflación, bajas tasas y abundante liquidez posterior a la crisis financiera global. Hoy compiten más actores por recursos escasos, aumentan las necesidades de inversión y se aceleran transformaciones estructurales. Chile tiene claras fortalezas (estabilidad macro, recursos naturales y mercados financieros desarrollados), pero también desafíos, sobre todo elevar la productividad, atraer inversión y sostener la confianza.

Para los inversionistas, la respuesta es ser más selectivos: dónde invertir, cuánto riesgo asumir y qué fuerzas realmente moldearán los retornos futuros. Para Chile, la clave será convertir sus ventajas en motores de crecimiento sostenible en un mundo más exigente, competitivo y fragmentado.

Te recomendamos