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Cecilia Cifuentes

La botadura de Magallanes

CECILIA CIFUENTES Economista, directora Centro de Estudios Financieros del ESE, UAndes

Por: Cecilia Cifuentes

Publicado: Martes 23 de junio de 2026 a las 04:04 hrs.

Cecilia Cifuentes

Cecilia Cifuentes

Tuve el honor de asistir a la botadura del LPD 93 Magallanes en las instalaciones de Asmar en Talcahuano. Una ceremonia sobria, cargada de símbolos patrios y respetuosa de las tradiciones, coronada por un muy buen discurso del Presidente Kast. Una combinación notable de emoción, seriedad y profesionalismo. Además del Himno Nacional, el público entonó el Himno de la Armada, “Brazas a Ceñir”, que pude acompañar, porque lo aprendí de niña en el colegio, junto con las marchas de las demás ramas de las Fuerzas Armadas y de Carabineros. Es una lástima que ya no sea parte del currículum, porque recuerdo bien el entusiasmo que me generó aprenderlos. Los símbolos patrios son también parte del tejido social, fuertemente deteriorado en los últimos años.

La construcción de este buque en los astilleros de Asmar tiene una relevancia clave en lo geopolítico, pero también en lo económico. El Magallanes forma parte de una estrategia más amplia, que se inició hace 20 años, y que ha incorporado cuatro patrulleros oceánicos clase Piloto Pardo, el buque oceanográfico Cabo de Hornos y el rompehielos Almirante Viel, el primero construido en Sudamérica, contratado en 2017. Esa experiencia acumulada llevó a la Armada a articular en 2019 el Plan Nacional Continuo de Construcción Naval, que en enero de 2025 el gobierno de Boric elevó a política de Estado, mediante decreto. El Magallanes es hasta hoy el proyecto militar más complejo que ha enfrentado Asmar, y le seguirán tres buques gemelos.

“Tanto en Chile como en el mundo existen experiencias muy exitosas de política industrial, por lo que más que descartarlas, se debe velar por el cumplimiento de una serie de condiciones”.

¿Estamos frente a una forma de política industrial? Sin duda, lo que para muchos -me incluyo- trae remembranzas de la nefasta política de sustitución de importaciones, que dañó significativamente el desarrollo chileno entre los 50 y los 70, en el siglo pasado. Sin embargo, tanto en Chile como en el mundo existen experiencias muy exitosas de política industrial, por lo que más que descartarlas, se debe velar por el cumplimiento de una serie de condiciones. La más importante es evitar la captura por parte de grupos de interés, que finalmente toman para si los beneficios que implican, como ocurrió con el proteccionismo industrial del siglo pasado. Son claves entonces las instituciones que hay detrás, y en este caso, la solidez institucional de la Armada es la mejor garantía de que el esfuerzo en recursos del Estado efectivamente genere un polo de desarrollo sostenible.

Es interesante destacar que los costos de construcción de Asmar resultan competitivos frente a los de otros países, lo que podría generar un potencial exportador en el futuro, pero sobre todo descarta que se trate de proyectos viables sólo con subsidios del Estado. Por ahora, el objetivo es poner al día a una Armada que opera en uno de los territorios marítimos más exigentes del mundo, con más de 6.000 kilómetros de costa, presencia tricontinental y una proyección antártica con creciente relevancia geopolítica, reemplazando unidades que cumplieron su vida útil con buques de mayor capacidad y tecnología. Lo interesante es que este objetivo se realiza en forma conjunta con el desarrollo de un sector industrial de alta complejidad, con empleos de elevada calificación en la Región del Biobío, encadenamientos con proveedores nacionales y acumulación de conocimiento técnico. Se trata entonces de una política de Estado, que ya cruza varios gobiernos. No es poco en el Chile actual.

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