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Columnistas

Crecimiento con freno de mano (de obra)

DIEGO NODLEMAN Abogado laboral, socio en GNP Canales Abogados Laborales

Por: DIEGO NODLEMAN

Publicado: Miércoles 3 de junio de 2026 a las 04:00 hrs.

No es controversial que Chile vive una de sus peores situaciones de empleo, con una desocupación femenina que llega al 10% y una cifra general que le pisa los talones. Frente a ello, el Gobierno acierta en el diagnóstico: el país debe reencontrarse con la senda del crecimiento, y el plan de reconstrucción nacional busca encauzar esa urgencia atrayendo inversión y reactivando la economía. Pero hay una pieza que el proyecto deja fuera, y es decisiva: la modernización de la normativa laboral.

El crecimiento, conviene recordarlo, no se decreta: se construye sobre un mercado laboral capaz de absorber esa inversión y transformarla en empleo formal. Atraer capitales es condición necesaria, pero no suficiente. Si las reglas que gobiernan la contratación y la “ejecución” del trabajo permanecen intactas, el país corre el riesgo de impulsar el motor sin soltar el freno de mano.

¿Qué hacer, es la interrogante? Tres frentes parecen ineludibles. El primero, revisar el régimen de terminación del contrato indefinido, dotándolo de certeza y previsibilidad, de modo que contratar deje de percibirse como una decisión casi irreversible: un ejemplo es la “mochila austriaca”, fórmula que sustituye la indemnización por un fondo individual y portable (independiente del seguro de desempleo) al que el empleador aporta mes a mes. El segundo, ampliar los espacios de adaptabilidad de la jornada, asumiendo que la rigidez horaria castiga por igual a la productividad y a la conciliación. Y el tercero, una regulación del trabajo a distancia que lo promueva en lugar de hostilizarlo, despejando las zonas grises que hoy desincentivan su uso.

“El Gobierno acierta en el qué (crecer), pero olvida parte del cómo. Crecer y crear empleo no son dos agendas distintas, sino la misma”.

Esto no se trata de una intuición. La experiencia comparada lo confirma: tras las reformas Hartz, que flexibilizaron la contratación y el despido, Alemania redujo con fuerza su desempleo y dejó atrás la chapa de “enfermo de Europa”. Chile, en cambio, exhibe el reverso: una informalidad cercana al 27%, que no es sino la válvula de escape de quienes no caben en un mercado formal demasiado rígido. A ello se agrega, por ejemplo, que según estudios basados en datos sectoriales de la OCDE, las rígidas normas de despido deprimen la productividad justo donde más pesan.

Y conviene decirlo con todas sus letras: nada de esto exige elegir entre crecimiento y protección, ni supone desproteger al trabajador o retroceder en derechos. Se trata de actualizar una normativa concebida para un mundo del trabajo que ya no existe. Bien diseñadas, estas medidas configuran un mercado laboral más dinámico, que es precisamente el que genera empleo formal, estable y mejor remunerado.

El Gobierno acierta en el qué (el crecer), pero tiende a olvidar parte del cómo. Crecer y crear empleo no son dos agendas distintas, sino la misma. Mientras esa pieza siga ausente, el Plan podrá movilizar capitales y reactivar cifras, pero seguirá pidiéndole a la economía que avance con el freno de mano puesto. Y no habrá reconstrucción que se sostenga si se edifica, una vez más, de espaldas al mundo laboral.

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