Cuando el crecimiento depende de construir lo que falta
AITOR JAUREGUI Director de BlackRock para América Latina
Durante las últimas décadas, hemos asumido que la economía mundial seguiría creciendo al ritmo de una demanda cada vez mayor. En cambio, hoy entramos en un nuevo régimen económico donde las restricciones de oferta vuelven a influir en el crecimiento, la inflación y la inversión. La pregunta que surge es si contamos con las condiciones necesarias para sostener el desarrollo económico global.
La pandemia, los conflictos geopolíticos y la fragmentación comercial expusieron la fragilidad de un modelo centrado en la eficiencia por sobre la resiliencia. A su vez, la expansión de la inteligencia artificial está impulsando la demanda de electricidad, centros de datos, semiconductores e infraestructura digital. Según nuestros analistas, estas presiones sobre los factores productivos están redefiniendo las tasas de interés y la asignación global de capital.
Por ejemplo, la conversación sobre la IA suele centrarse en modelos altamente sofisticados. Pero antes de que un algoritmo genere valor, es necesario construir las redes de soporte que lo hacen posible. Según Deloitte, el gasto global anual en centros de datos para IA podría alcanzar hasta US$ 1 billón en 2028, mientras que la Agencia Internacional de Energía proyecta que el consumo mundial de electricidad de los centros de datos se duplicará hacia 2030.
“La IA seguirá acaparando la atención, pero gran parte de esta transformación dependerá de las redes eléctricas, la infraestructura digital, el financiamiento y las decisiones de capital”.
Estamos ante un posible cambio en las dinámicas del crecimiento económico, que trasciende la tecnología y abarca la energía, el crédito y los mercados públicos y privados. Los activos que fortalecen la capacidad productiva cobran relevancia por su potencial para impulsar la transformación económica y tecnológica de los próximos años.
Para los inversionistas, esto refuerza la importancia de identificar los mercados y sectores capaces de responder al crecimiento de la demanda, un factor que puede influir en la evaluación de riesgos, la construcción de portafolios y la asignación de capital.
Sudamérica combina recursos naturales estratégicos, capacidad energética y mercados financieros que aún ofrecen rendimientos reales atractivos. Chile destaca por su aporte de cobre, litio y otros minerales críticos para la electrificación, la infraestructura digital y el desarrollo de la inteligencia artificial. Sin embargo, aprovechar esta oportunidad dependerá de reglas claras, estabilidad macroeconómica y el potencial de ejecución.
También existe la oportunidad de conectar el ahorro de largo plazo con la inversión productiva y la infraestructura regional. Según el BlackRock Investment Institute, la deuda soberana en monedas locales de algunos mercados latinoamericanos podría ofrecer oportunidades selectivas por sus atractivos rendimientos reales, especialmente en Chile y Perú, que han mostrado una dinámica inflacionaria más favorable.
Desde una perspectiva de portafolio total, movilizar capital hacia proyectos que fortalezcan la capacidad productiva puede contribuir al crecimiento económico y apoyar la participación de más personas en los mercados financieros y las inversiones de largo plazo. La ventaja competitiva será garantizar el soporte necesario para sostener esa inversión.
La IA seguirá acaparando la atención, pero gran parte de esta transformación dependerá de las redes eléctricas, la infraestructura digital, el financiamiento y las decisiones de capital. En un mundo con crecientes restricciones de oferta, desarrollar la capacidad productiva será tan importante como impulsar la innovación tecnológica.