Data Centers: siguiendo los pasos de la gran minería
FRANCISCO IRARRÁZABAL ARMENDÁRIZ SOCIO EN CEPD ABOGADOS
La necesidad de infraestructura eléctrica para grandes consumos no es un desafío nuevo para Chile: la industria minera lo vive hace años. Cuando la planificación de transmisión no seguía ese ritmo, la minería optó por construir sus propias líneas de conexión y asegurar así su suministro. Esa misma lógica redescubren hoy los data centers, con el reloj corriendo más rápido.
Un data center no se detiene nunca: consume energía las 24 horas del día, tanto como una ciudad entera. Según el Coordinador Eléctrico Nacional, la demanda del sector crecería a más de 1.200 MW hacia 2030, impulsada principalmente por la inteligencia artificial y la nube. Chile ya concentró el 83% de la nueva capacidad instalada en data centers en América Latina en el primer semestre de 2026. La pregunta entonces ya no es si la inversión llega, sino si la infraestructura está preparada.
El verdadero cuello de botella no es tecnológico, sino regulatorio. El Coordinador resuelve la solicitud de conexión en 90 días en promedio; el problema está antes: la planificación puede tomar entre siete y ocho años hasta la entrada en operación, según ha reconocido la propia CNE. Ahí se vuelve decisiva la carta mágica del artículo 102° de la ley eléctrica: al calificar obras como necesarias y urgentes, habilita al titular a construir, a su riesgo y costo, la transmisión que su proyecto requiere, operando como un verdadero bypass, y a conectarse directamente a transmisión sin pasar por distribución. Esta herramienta no existe en Brasil ni en México, nuestra competencia más directa, y es una ventaja comparativa que debemos potenciar.
“La certeza jurídica es, precisamente, uno de los grandes activos que Chile ofrece frente a otros hubs digitales, y vale la pena seguir fortaleciéndola”.
Pero el 102° resuelve la urgencia caso a caso; no reemplaza planificar con anticipación los polos de demanda digital. A esto se suma el almacenamiento: las ERNC, por sí solas, no entregan la firmeza que exige una carga que no puede detenerse, y el BESS se ha convertido en la pieza clave de la ecuación, concentrando el 64% de la capacidad hoy en construcción.
La certeza jurídica es, precisamente, uno de los grandes activos que Chile ofrece frente a otros hubs digitales, y vale la pena seguir fortaleciéndola. La Ley Marco de Autorizaciones Sectoriales avanza en esa dirección, con plazos vinculantes para instituciones clave como la SEC, DGA y SAG, y casos como Alto Jahuel, Cerrillos y Huechuraba muestran que un diseño técnico-jurídico riguroso permite avanzar con seguridad.
La gran minería no esperó a que el sistema la alcanzara: construyó su propia conexión y terminó empujando la columna vertebral de la transmisión chilena. Hoy ese rol le corresponde a los data centers: la inversión digital puede trasladarse a otra jurisdicción en meses si Chile no sigue impulsando -y perfeccionando- herramientas como el artículo 102°.