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Columnistas

El verdadero campeón del Mundial: la FIFA

JAVIER GASMAN Abogado experto en derecho deportivo

Por: JAVIER GASMAN

Publicado: Viernes 24 de julio de 2026 a las 04:03 hrs.

España levantó la Copa en Nueva York, pero el trofeo más valioso se lo llevó la FIFA. Un día antes de la final, Gianni Infantino anunció que los ingresos del ciclo 2023-2026 superarán los US$ 15 milmillones en ese período, unos US$ 4 mil millones por encima de lo proyectado antes del torneo. Para dimensionar: el ciclo que terminó con Qatar 2022 recaudó US$ 7.600 millones. La FIFA prácticamente duplicó su negocio en cuatro años.

Del torneo recién terminado, las estimaciones oficiales apuntaban a cerca de US$ 9.000 millones, unos US$ 3.900 millones por derechos de televisión y más de US$ 3 mil millones por entradas y hospitality, según el informe anual del organismo. Y todo indica que esas cifras quedaron cortas. La explicación tiene nombre y apellido: Estados Unidos.

El gran acierto comercial de este Mundial no fue el formato de 48 selecciones ni los 104 partidos. Fue haber puesto el grueso del torneo en el mercado de consumo más robusto del planeta. Solo en EEUU pasaron por los torniquetes más de ocho millones de espectadores, y la fase de grupos pulverizó el récord histórico de asistencia de 3,5 millones que resistía desde el Mundial del 94, también en suelo norteamericano.

“El negocio del Mundial es extraordinario; su derrame, bastante menos”.

Ahí la FIFA pudo aplicar sin anestesia el manual del deporte estadounidense con precios dinámicos, hospitalidad corporativa y un mercado secundario oficial donde cobra una comisión del 30% repartida entre comprador y vendedor. El precio promedio pagado por entrada fue de US$ 592, según el Banco Citi. Para la final, la categoría más barata partía en torno a los US$ 8.000; las entradas premium salieron a la venta a US$ 32.970, y hubo asientos pegados a la cancha desde US$ 1 millón por grupos de doce personas. En Qatar, la entrada más cara para la final costaba US$ 1.607. La diferencia no la explica Leo Messi versus Lamine Yamal; la explica el poder de compra del público.

La televisión siguió la misma lógica. Fox pagó US$ 485 millones por los derechos del torneo y, según The Hollywood Reporter, las polémicas pausas de hidratación se vendieron entre US$ 200.000 y US$ 750.000, generando más de US$ 500 millones en publicidad. Es decir, pagaron los derechos completos de transmisión.

Conviene, eso sí, mirar la otra columna del balance. La FIFA repartirá US$ 871 millones en premios, el doble que en Qatar, pero las ciudades sede gastaron cada una más de US$ 100 millones en recibir el evento, según The Athletic, y estados como Florida, Georgia y Missouri renunciaron a unos US$ 57,8 millones en impuestos a la venta de entradas. El CEO de Bank of America habló de US$ 40 mil millones de actividad económica asociada al torneo, la mitad en EEUU, aunque Goldman Sachs advierte que estas estimaciones suelen prometer más de lo que la economía real registra. El negocio del Mundial es extraordinario; su derrame, bastante menos.

La lección es clara y la FIFA ya toma nota. Para 2030 se evalúa ampliar el torneo a 64 selecciones. Si algo demostró esta edición es que, mientras exista un mercado dispuesto a pagar US$ 8 mil por ver una final, el fútbol seguirá siendo el pretexto. El negocio real es la escasez bien administrada: pocos asientos, mucha demanda y un solo dueño de la cancha.

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