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Columnistas

El viaje emocional de los chilenos

KAREN THAL PRESIDENTA DEL DIRECTORIO DE CADEM

Por: KAREN THAL

Publicado: Lunes 17 de agosto de 2026 a las 04:00 hrs.

Desde octubre de 2019, en Cadem hemos intentado entender no solo qué piensan los chilenos, sino también cómo se sienten. Las escuchas cualitativas realizadas durante estos años permiten reconstruir un verdadero viaje emocional. Y hoy parecen mostrarnos una nueva etapa: la resignación.

Lo primero que encontramos después del 18 de octubre fue rabia. Había un enojo profundo, acumulado durante años, que finalmente había explotado. Pero esa rabia dio paso a la esperanza. El acuerdo del 15 de noviembre y el proceso constitucional instalaron la expectativa de que la crisis podía transformarse en una oportunidad. En ese momento, para el 80% de los chilenos, Chile iba a ser un mejor país después de la crisis social.

Entonces llegó la pandemia. Junto con ella, comenzamos a ser testigos de una delincuencia a la que no estábamos acostumbrados y de la penetración del crimen organizado. En las conversaciones aparecieron palabras como sicariato y secuestro. Después de los retiros y las transferencias directas, llegó también la inflación. Las demandas sociales y la esperanza de un país más justo dieron paso a la incertidumbre, la vulnerabilidad y el miedo.

“En 2019 teníamos un país enojado que quería cambiarlo todo. Hoy podemos estar frente a un país que sigue descontento, pero comienza a creer que nada ni nadie puede cambiar demasiado las cosas”.

Los procesos constitucionales tampoco resultaron como se esperaba. Y del miedo a la delincuencia y a no llegar a fin de mes pasamos a algo parecido a la depresión. En nuestras escuchas aparecía un país agotado, descuidado, triste. Habíamos vivido años extraordinariamente intensos, habíamos soñado con cambiarlo casi todo y, sin embargo, Chile parecía estar peor que antes.

En 2025, el ciclo electoral permitió que reapareciera el optimismo. A fines de ese año, dos de cada tres chilenos miraban con optimismo el futuro. Después de años de frustraciones, muchos volvieron a pensar: quizás ahora sí.

Pero duró poco. Durante 2026 apareció primero la preocupación, especialmente después del alza de los combustibles. Hoy la conversación está dominada por el empleo, los ingresos y el costo de la vida.

Sin embargo, nuestra última escucha muestra algo más profundo que el pesimismo. La palabra que mejor describe el momento actual es resignación. La diferencia importa. Una persona pesimista cree que las cosas van a salir mal. Una persona resignada empieza a creer que no hay mucho que pueda hacer para cambiarlas. No es aceptación: permanecen la frustración, la impotencia y la tristeza. El descontento sigue ahí, latente y contenido.

Después de seis años de expectativas levantadas y frustradas, muchos chilenos parecen haber perdido algo más importante que el optimismo: la confianza en que las cosas efectivamente pueden cambiar. En 2019 teníamos un país enojado que quería cambiarlo todo. Hoy podemos estar frente a un país que sigue descontento, pero comienza a creer que nada ni nadie puede cambiar demasiado las cosas. La rabia moviliza. La esperanza también. La resignación, en cambio, paraliza.

Mirar el pesimismo actual como parte de este viaje ayuda a entender su profundidad, incluso cuando las condiciones objetivas no parecen justificarla completamente. Y es también un llamado a los liderazgos políticos y empresariales. Las reformas son necesarias y sus resultados llegarán con el tiempo, pero mientras eso ocurre las personas viven en el presente, con ingresos que no alcanzan y expectativas demasiadas veces defraudadas. Para avanzar en los cambios que Chile necesita hay que mantenerse conectado con las grandes mayorías, comprender lo que están viviendo y empatizar con sus tiempos. Transformar sin perder la sintonía social.

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