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Columnistas

Ética del crédito y la Tasa Máxima Convencional: una propuesta de equilibrio

NANCY SILVA SALAS PHD en economía y exdirectora general de estudios de la cmf

Por: NANCY SILVA SALAS

Publicado: Jueves 23 de julio de 2026 a las 04:03 hrs.

La regulación de precios mediante instrumentos como la Tasa Máxima Convencional (TMC) no suele ser la regla en la arquitectura financiera moderna, y a menudo se analiza como una distorsión. La tasa de interés es el precio del riesgo: permite cubrir la probabilidad de impago y los costos de operación. En segmentos de alta vulnerabilidad, una tasa alta puede ser la única vía para cubrir las pérdidas esperadas. Si el techo regulatorio es artificialmente bajo, el resultado es racionamiento del crédito, y las primeras víctimas son los pequeños emprendedores y las familias de ingresos medios y bajos, empujadas hacia la informalidad.

Sin embargo, la TMC responde a otra pregunta: ¿es ético cobrar márgenes sin límite sobre el costo de financiamiento? Las interrogantes sobre la usura son razonables y se relacionan con el entorno cultural de cada economía. Proteger a los deudores frente a asimetrías de poder e información es un objetivo legítimo, y los controles son una herramienta válida para resguardar la equidad y la confianza del sistema.

La tradición chilena reconoce límites a la usura desde el Código Civil de 1855. Hasta 2013 primó una fórmula equilibrada. TMC de 1,5 veces la Tasa de Interés Corriente promedio del mismo tramo del crédito. Bajo esa regla el mercado se expandió, aunque la falta de información consolidada alimentó el sobreendeudamiento.

“Las interrogantes sobre la usura son razonables y se relacionan con el entorno cultural de cada economía”.

La respuesta legislativa fue equivocada: la Ley 20.715 de 2013 fijó un spread constante de 21 puntos sobre la tasa de un tramo más alto, un esquema rígido que no internalizó las dinámicas del mercado. La compresión de márgenes y los “borronazos” de deuda histórica alteraron la viabilidad de la banca de nicho, gatillando el cierre de las divisiones de consumo. Con esto, una cohorte significativa de clientes vulnerables perdió el acceso al crédito formal.

Afortunadamente, en los últimos años la inclusión transaccional -cuentas a la vista y herramientas digitales- ha permitido a millones de personas construir una huella financiera digital. El desafío es capitalizar ese avance sin asfixiar la oferta formal.

La propuesta es retomar la fórmula histórica, fijando la TMC en 1,5 veces la Tasa de Interés Corriente promedio de cada segmento. Este multiplicador se ajusta a las condiciones macroeconómicas, permitiendo una prima de riesgo sostenible con un techo estricto contra abusos.

Para que funcione, la certeza jurídica es intransable. No deben promoverse intervenciones que generen incertidumbre en el cálculo de la TMC ni que borren el historial crediticio, activo clave de los deudores responsables. Complementariamente, hay que consolidar el registro de información crediticia de la CMF y educar financieramente a la ciudadanía, para que el crédito sea una herramienta de progreso y no una trampa de sobreendeudamiento.

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